miércoles, 21 de mayo de 2014

Antone y Vicente desde Roma


Si hagués nascut a Roma, fa més de dos mil anys,
viuria en un Imperi, tindríem un esclau,
i àmfores al pati plenes d'oli i vi
i una estàtua de marbre dedicada a mi.

Si hagués nascut a Roma, fa més de dos mil anys,
no faria olor a xampú el teu cabell daurat,
oferiríem bous als déus, brindaríem amb soldats
i ens depertaria un carro pujant per l'empedrat.

I els turistes es fan fotos on tu i jo vam esmorzar,
són les coses bones de passar a l'eternitat,
i una guia els ensenya el mosaic del menjador,
es retraten i passegen per la nostra habitació.

I ara un nen dibuixa a llapis a la sala del museu,
el braçalet de maragdes que t'embolicava el peu
i un submarinista troba els nostres gots i els nostres plats,
són les coses bones de passar a l'eternitat.


Si hubiera nacido en Roma, hace más de dos mil años, 
viviría en un Imperio, tendríamos un esclavo, 
y ánforas en el patio llenas de aceite y vino 
y una estatua de mármol dedicada a mí. 
Si hubiera nacido en Roma, hace más de dos mil años, 
no haría olor a champú tu cabello dorado, 
ofreceríamos toros a los dioses, brindaríamos con soldados 
y nos despertaría un carro subiendo por el empedrado. 
Y los turistas se hacen fotos donde tú y yo desayunamos, 
son las cosas buenas de pasar a la eternidad, 
y una guía les enseña el mosaico del comedor, 
se fotografían  y pasean por nuestra habitación. 
Y ahora un niño dibuja a lápiz en la sala del museo, 
el brazalete de esmeraldas que te envuelve el pie 
y un submarinista encuentra nuestros vasos y nuestros platos, 
son las cosas buenas de pasar a la eternidad.










Imágenes: Antone y Vicente
 Canción: Roma
Autor:Manel

lunes, 12 de mayo de 2014

Desde las alturas


Esta foto fue capturada por mi padre desde la terraza una mañana de verano del año 1984. La he encontrado en un álbum  por casualidad, buscando otra imagen. Confieso que nunca antes de este momento me había detenido a contemplar detenidamente y hoy me ha conmovido.
Reconozco esas dos pequeñas figuras que salen del agua, somos Jorge y yo cuando todos nos veían como novios. 
Desde que nos conocemos compartimos la misma pasión por el mar.  Nadar en las primeras horas del día cuando todo está en calma y el agua parece que te acoge más clara y fresca. Pequeños peces nos rodean con curiosidad, algunos hasta nos besan. Los cangrejos de esconden. Las gaviotas se acercan buscando su comida. Puedes ver de cerca la blancura de su vuelo. Si te acuestas y abres los ojos... la inmensidad.
 Después de una hora sumergido y balanceado uno se siente renovado y feliz, por eso cuando llega el verano intentamos aprovechar cualquier oportunidad y no perder esa costumbre. 
Lo curioso ha sido comprobar como alguien ha subido muy temprano a la azotea, con su pequeña e inseparable "camareta", a capturar y  disfrutar de nuestra felicidad que es la suya. Entiendo porqué nunca me siento sola. 
Ha conseguido hacer inmortal ese momento que ahora puedo ver a través de sus ojos verdes.


¿Es un defecto ser feliz? Lo he pensado muchas veces. Ahora sigo haciéndolo a menudo. Incluso a veces he dicho que quienes son capaces de ser felices son también malvados y estúpidos. Pero de vez en cuando también he pensado que ser feliz no es un defecto, sino una muestra de inteligencia.
Cuando mi hijita Rüya y yo vamos a bañarnos al mar soy el hombre más feliz del mundo. ¿Qué puede pretender de la vida el hombre más feliz del mundo? Seguir siéndolo, por supuesto. Y uno comprende que para conseguirlo debe hacer siempre las mismas cosas. Así que nosotros hacemos siempre lo mismo.


Orhan Pamuk (Estambul, 1952) perteneciente al libro "Otros colores".

viernes, 9 de mayo de 2014

Nuevas flores


No sé cómo agradecer...



estas fascinantes flores  que han nacido hoy en mi casa.



 
Cuando el cielo tempestuoso ruge sordamente y caen los chubascos de junio, el húmedo viento del este camina a través de los brezales para tocar la cornamusa entre los bambúes.
Entonces, innumerables flores se abren de súbito; nadie sabe de dónde han salido, y se las ve bailar locamente sobre la hierba.
Madre, estoy seguro de que las flores tienen una escuela bajo tierra.
Cuando hacen sus deberes las puertas se cierran, y si antes de que sea la hora quieren salir para jugar, el maestro las manda castigadas al rincón.
Tienen vacaciones cuando llega la época de las lluvias.
Las ramas entrechocan en el bosque y las hojas se estremecen con el viento furioso, las gigantescas nubes dan unas palmadas y las niñas-flores salen corriendo, con sus vestidos rosados, amarillos y blancos.
¿Sabes, madre? Las flores viven en el cielo, como las estrellas. ¿No te has fijado qué deseos tienen de llegar allá arriba? ¿Y sabes el porqué de tanta impaciencia? Yo sí, yo adivino hacia quién tienden sus brazos: las flores tienen, como yo, una madre.
La escuela de las flores
[Cuento. Texto completo.]
Rabindranath Tagore

lunes, 5 de mayo de 2014

Clarissa


Cuando el tiempo ya es ido

Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna
como a la casa de la infancia, a algunos
días, rostros, sucesos que supieron
recorrer el camino de nuestro corazón.
Vuelven de nuevo los cansados pasos
cada vez más sencillos y más lentos,
al mismo día, el mismo amigo, el mismo
viejo sol. Y queremos contar la maravilla
ciega para los otros, a nuestros ojos clara,
en donde la memoria ha detenido
como un pintor, un gesto de la mano,
una sonrisa, un modo breve de saludar.
Pues poco a poco el mundo se vuelve impenetrable,
los ojos no comprenden, la mano ya no toca
el alimento innombrable, lo real.
Fina García Marruz



David Brayne


Cuando menos lo esperaba he recibido la noticia de la muerte de mi querida Clarissa.
 Hacía un año que había interrumpido su blog, Con Claridad, y los que la seguimos lo entendimos como pausa temporal.  Ando desde entonces extraviada, intentando asimilar.

 Esperaba su regreso y creo que lo haré por mucho tiempo.
 Su perdida me ha afectado profundamente como estoy segura que debe haberles ocurrido a todos los que recibimos el valioso regalo de su amistad.
Es curioso: desconocer el color de unos ojos, de un pelo y estar segura del destello y la enorme calidez de una mirada.
Pronto entendí que no era una persona común. 
Poseía los dones que más valoro en un ser humano: sabiduría, ternura, sencillez, calidez, humanidad. 
Siempre he pensado que cada una de las personas que pasan por nuestra vida, en mayor o menor medida,  cuando un día desaparecen nos dejan algo esencial. Pero algunas tienen una virtud que las distingue del resto,   junto a ellas nunca paras de crecer. 
Con Clarissa he sentido algo mucho más poderoso que la presencia física, a través de sus palabras fue llegando poco a poco al fondo de mi corazón. 
 A ella le debo ante todo la fuerza de su impulso,  perder el miedo que me provocaba escribir, hacer públicos mis pensamientos.
Jugábamos a compartir un té en la distancia. Temuco dejó de ser un lugar desconocido en el mundo. Hablábamos de lugares distintos y comunes, de poesía.
  Me iniciaba y sugería lecturas y autores, pintores, música... Y yo disfrutaba del privilegio y la grandeza de su magisterio cada día, corregía mis errores, se alegraba de mis aciertos, llenaba de luz cada oscuridad, y todo lo hacía siempre con una infinita delicadeza. Allí estaba siempre dispuesta a compartir, aconsejar, aliviar y yo sentía que nuestras almas sondeaban idénticos abismos.
 Mientras yo intentaba dormir en mitad de una cálida noche de verano ella me hablaba de la intensidad del frío y el viento, y así soñando con esas lejanas y frías tierras me dormía como cuando era una niña.
Si era yo la que describía el sonido y la fuerza del viento tras los cristales me reconfortaba leer sobre la belleza de las flores y disfrutaba contemplando las imágenes que siempre elegía con un gusto exquisito. 
La luna iba cada noche hasta Chile y después regresaba hasta aquí para que ambas la admiráramos. 
Las nubes nos visitaban, se fundían, se evaporaban y ahora curiosamente siento que la sostienen. 
 Me gusta pensar que desde allí nos observa.  
A su blog, y a sus mensajes privados y públicos que guardo como un tesoro, continuaré acudiendo a resolver las incógnitas y en busca de las valiosas respuestas que por todas partes nos ha dejado. 
Querida amiga, gracias por tanto. Hoy más que nunca entendí verdaderamente el significado de la frase que inicia tu blog:

"Nadie enciende una luz, para después cubrirla" Lucas 8:13

He rescatado el último mensaje que recibí de ella pocos días antes de fallecer y que ahora hago mío y lanzo para que el viento lo lleve a su dueña donde quiera que se encuentre:

"Gracias por tu amistad y todo el amor que compartes tan generosamente.
Que la bendición de Dios Todopoderoso te acompañe en todo momento y también a tu familia"


Un gran abrazo 


Desde que inicié este misterioso y fascinante mundo blogger he tenido la suerte de conocer blogs (personas) muy interesantes que con el tiempo se han hecho necesarias en mis lecturas diarias. Hoy quiero dedicar este post a algunas de esas almas que  en mi camino se han vuelto imprescindibles por todo lo que me hacen crecer: Francisco Méndez, Inma Valderas, Enrique de la Peña, Ilona,  Ana Domínguez y por supuesto a mis queridos hermanos.  Gracias. 

sábado, 3 de mayo de 2014

A veces, cuando la luz

Jun Kumaori




" A veces, cuando la luz incide en extraños ángulos
y te devuelve a la infancia

deambulando por una mansión desvencijada
totalmente oculta bajo viejos sauces

o un convento abandonado que guardan la cicuta
y abetos gigantescos erguidos flanco a flanco,

de nuevo sabes que allende ese muro,
bajo la indómita cabellera de los sauces

persiste algo secreto,
tan maravilloso y peligroso

que si te adentraras y contemplaras
morirías, o serías feliz por siempre. "

Lisel Mueller 


miércoles, 30 de abril de 2014

Mi jardín secreto


"Todos los siglos, desde que se inició el mundo, se han descubierto maravillas. Así, el siglo pasado se descubrieron cosas más asombrosas que el siglo anterior, y este nuevo siglo saldrán a la luz cosas aún más extraordinarias. Al principio la gente se niega a creer que algo nuevo e inusitado pueda lograrse, luego ven que sí es posible, y cuando ya está hecho todos se preguntan por qué no se hizo hace ya siglos. Una de esas novedades que se empezaron a descubrir el pasado siglo fue que los pensamientos, los simples pensamientos, son tan poderosos como las pilas eléctricas, tan beneficiosos para uno como la luz del sol, o tan perjudiciales como el mismo veneno. Así pues, permitir que penetre en la mente un pensamiento triste o negativo es tan peligroso como dejar que entre en el cuerpo un microbio de escarlatina. Y si se permite que allí se quede una vez dentro, es posible que no nos podamos deshacer de él en la vida......Cosas mucho más extraordinarias le pueden suceder a quien, cuando le viene a la mente un pensamiento desagradable o descorazonador, tiene el buen juicio de acordarse a tiempo y expulsarlo, poniendo en su lugar otro pensamiento grato y decididamente valeroso; y es que no puede haber dos cosas en un mismo lugar: Donde haya una rosa, hijo mío, no crecerán villanos. "
Frances Hodgson Burnett
                                                       El jardín secreto (fragmento)


Jessie Willcox Smith

En la maceta más grande de la terraza, allí donde vive el jazmín, han crecido unas ortigas. Puedo imaginar de qué forma han llegado hasta allí, este pueblo donde vivo está rodeado de campos (lo agradezco cada primavera cuando el aire se impregna de un adorable olor a azahar) y resulta fácil suponer que el mismo viento, que llega cargado de olores, arrastre también diminutas semillas llevándolas lejos de su elemento natal. Existe también la posibilidad de que esta planta espinosa se haya adherido a un pequeño pájaro rojo que me visita con frecuencia.
Como sea, la naturaleza es sabia, creo que por eso la ha traído esta vez hasta aquí.
Cuando Jorge ha subido a regar las plantas y las ha visto por primera vez, me ha llamado para que subiera a contemplar el curioso milagro. 
Mentiría si dijera que no me fascina  reconocer en él tanta ilusión. 
Me gusta sentir que tampoco las considera una "mala hierba",  expresión que siempre me costó entender.
 La ortiga, aunque parezca una planta común,  no es como las otras, la diferencia la pone precisamente la ausencia de vanidad, una sencillez natural, y sus espinas que sólo son un escudo para protegerse contra lo desconocido. 
Aquí en esta zona crece salvaje en los campos, a la sombra de los árboles. Es tan habitual,  y el escozor que provoca su roce,  tan molesto, que queda para siempre en la memoria de cualquier niño que disfrute del  privilegio de la vida en el campo. 
De pequeño aprendías a evitarlas más por la experiencia propia que por los consejos de los mayores,  que te advertían de sus fastidiosas molestias.  Cualquier incursión en la naturaleza implicaba llevar calcetines largos o pantalones,  y por supuesto no tocarlas, cosa verdaderamente difícil de evitar cuando alguien más que amar... siente verdadera pasión por la naturaleza. 
 Demasiadas ocasiones hemos padecido ambos las molestas y diminutas bambollas en los dedos y en las piernas. 
La memoria juega con los recuerdos y la ternura de los niños que un día fuimos. No sólo hablo en nombre propio, me resulta fácil hacerlo en el de Jorge niño, conozco bien la historia de cada una de sus cicatrices, como él conoce las mías. Competimos en número y tamaño.  
He tendido la ropa al sol en la mañana y he contemplado con una sonrisa este nuevo y salvaje inquilino de la terraza. Con su visión inevitablemente he volado hacia esos lugares cercanos de donde llega y a otros muy lejanos en los años dulces e  intensos de los nuestra infancia. Hoy vivo cada una de esas  señales de  supervivencia.

Me paro a contar los moretones que pueblan mis  rodillas, a él no le salen con tanta facilidad. 
Siento una ternura infinita por cada uno de nuestros desatinos, despistes, resbalones en el agua,  picaduras de abejas Maya, torpezas, tropiezos, arañazos cogiendo moras, caídas de columpios, bicicleta,  motos, árboles. Disparates , peleas, urticaria, cortes, uñas moradas,  pedradas,  equivocaciones, señales de tantas aventuras vividas. 
Doy por seguro que de conocernos entonces, nos hubiéramos besado mucho antes.

 Al llegar la noche Jorge ha subido como cada día a contemplar el crepúsculo. Ha regresado feliz, con el mismo entusiasmo que descubrí frente al espejo esta mañana, noto que su memoria ha viajado en el mismo vagón.
- "Es ortiga de la verdadera", me ha dicho.
-¡Pica!

                                                                                                                           Eva

sábado, 26 de abril de 2014

Sherlock Holmes

    Arthur Conan Doyle  (1859 -1930)


A Sherlock Holmes pareció seducirle el proyecto de dividir su vivienda conmigo.

-Tengo echado el ojo a unas habitaciones en Baker Street -dijo-, que nos vendrían de perlas. Espero que no le repugne el olor a tabaco fuerte.

-No gasto otro -repuse.

-Hasta ahí vamos bastante bien. Suelo trastear con sustancias químicas y de vez en cuanto realizo algún experimento. ¿Le importa?

-En absoluto.

-Veamos..., cuáles son mis otros inconvenientes. De tarde en tarde me pongo melancólico y no despego los labios durante días. No lo atribuya usted nunca a mal humor o resentimiento. Déjeme sencillamente a mi aire y verá qué pronto me enderezo. En fin, ¿qué tiene usted a su vez que confesarme? Es aconsejable que dos individuos estén impuestos sobre sus peores aspectos antes de que se decidan a vivir juntos.

Me hizo reír semejante interrogatorio. -Soy dueño de un cachorrito -dije-, y desapruebo los estrépitos porque mis nervios están destrozados... y me levanto a las horas más inesperadas y me declaro, en fin, perezoso en extremo. Guardo otra serie de vicios para los momentos de euforia, aunque los enumerados ocupan a la sazón un lugar preeminente.

-¿Entra para usted el violín en la categoría de lo estrepitoso? -me preguntó muy alarmado.

-Según quién lo toque -repuse-. Un violín bien tratado es un regalo de los dioses, un violín en manos poco diestras...

-Magnífico -concluyó con una risa alegre-. Creo que puede considerarse el trato zanjado..., siempre y cuando dé usted el visto bueno a las habitaciones.

-¿Cuándo podemos visitarlas?
Fragmento extraído de la novela  Estudio en escarlata

Arthur Conan Doyle 







Sherlock Holmes

“¡No lo harás! ¡No puedes! ¡No debes!”, le gritó la madre de Arthur Conan Doyle cuando éste le comunicó su intención de matar a Sherlock Holmes en 1893, apenas seis años después de haberlo creado. Se había cansado del personaje que lo encumbró porque le acaparaba todos sus pensamientos; por ello le dio fin junto a su eterno rival, James Moriarty, en el relato El problema final (1893) durante la terrible y ya famosa lucha en las cataratas de Reichenbach, en Suiza. El público, indignado, clamó por su regreso. Así que el escritor escocés no tuvo más remedio que resucitarlo e inventó una nueva historia: El perro de los Baskerville (1902). Ya por aquel entonces entendió que su criatura se había convertido en el detective más famoso de todos los tiempos y que jamás se libraría de él. Lo que sí no se hubiera podido imaginar es que 125 años después de la publicación de su primera obra, Estudio en Escarlata (1887), su personaje continuaría siendo objeto de inspiración para escritores y cineastas, y más de 170 autores lo intentarían copiar, incluidos su cuñado y su propio hijo.


 "El caso de los ‘hijos bastardos’ de Sherlock Holmes", El País, 28.02.12


jueves, 24 de abril de 2014

Viajar

Inga Moore




Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación.
El resto no son sino decepciones y fatigas.
Nuestro viaje es por entero imaginario.
A eso debe su fuerza.
Va de la vida a la muerte. Hombres,
Animales, ciudades y cosas, todo es imaginado.
Es una novela, una simple historia ficticia.
Lo dice Littré, que nunca se equivoca.
Y, además, que todo el mundo puede hacer igual.
Basta con cerrar los ojos.
Está del otro lado de la vida.

 Louis-Ferdinand Céline (1894-1961)







martes, 15 de abril de 2014

Londres


 "En los ojos de la gente, en el ir y venir y el ajetreo; en el griterío y el zumbido; los carruajes, los automóviles, los autobuses, los camiones, los hombres-anuncio que arrastran los pies y se balancean; las bandas de viento; los organillos; en el triunfo, en el campanilleo y en el alto y extraño canto de un avión en lo alto, estaba lo que ella amaba: la vida, Londres,( )".
 'La señora Dalloway'- Virginia Wolf.




Lo verdaderamente hermoso de un viaje comienza mucho antes de emprenderlo. Mientras haces planes,  imaginas, dibujas itinerarios. La mente emprende un juego con dos entrañables amigos, los sueños y las posibilidades.
 Se ponen en marcha nuevas ilusiones. Se encienden sensaciones de color intenso.
 Al regresar, no sólo desciendes del cielo, y con más volumen de equipaje.
 Es necesario dejar pasar un tiempo para asimilar lo vivido.

Ahora los ojos atentos que han pasado días en movimiento constante, alimentando una  curiosidad insaciable,  necesitan bajar los párpados y mirar hacia dentro,  allí en ese lugar de silencio y pausa,  donde interiorizas el paisaje vivido. Donde has ido almacenando cada momento y detalle con adjetivo propio.

Londres ya me había fascinado la primera vez que la visité.  Confieso que desde ese día se convirtió en una de mis ciudades favoritas.
 Es uno de esos lugares vitales de los que te despides siempre con un hasta pronto, porqué sabes que algún día inevitablemente has de volver.
Esta vez acudí a la cita con una compañía distinta, incluso diferente estación del año. Afortunadamente me esperaba el cielo tan gris y fascinante como recordaba y vivir alguna inquietante sensación Déjà vu, (demasiado soñadora).

Al llegar aspiré profundamente aquel aire fresco tan agradable, que con esta nueva primavera parecía  cargado de los aromas que brotan de la lluvia .

Un paisaje que invita a pasear. Calles dignas de las historias que han inspirado (elemental) a tantos escritores y artistas.
 Árboles que recordaba desnudos y semejantes a cualquier obra escultórica contemporánea,  ahora ante mis ojos,  nuevos,  superando cualquier expectativa.
 Sólo queda de aquel otoño y reconozco los viejos troncos oscurecidos por el frío y la humedad. Las  flores y hojas que dormían en su interior y yo ya presentía entonces,  ahora se presentan y tengo que contener la fuerte tentación de acariciar.  La dejo (de momento) suspendida en el espacio.

Vuelvo a apropiarme de la cámara, hacía años que no sentía tanta necesidad de hacerlo.
Me distrae  la luz de la mañana, unos labios, un color de ojos fascinante, inesperado. Calles, museos con colecciones  asombrosas e irrepetibles donde hurgar tantos secretos del pasado.  Diversidad de rostros, parques, músicos,  flores, el arte que está por todos lados envuelto en una extraña y fascinante contraste, entre la euforia al aire libre y el ambiente más sombrío.
Se convierte en un placer contemplar desde el puente la marea baja y las huellas que deja el movimiento del agua del Támesis en la noche.
 La humedad antigua que vive en los gruesos muros, el vuelo de las gaviotas, los modernos edificios asomando con su fuerza y juventud,  rompiendo el clásico e inconfundible estilo londinense. Ahí creo que reside el misterio de esta belleza, en la armonía entre la antigüedad más clásica y la vanguardia más actual, aquella que aparece sin permiso, sin excusa y que expira en cada rincón de esta ciudad.

Un mar de rostros se cruzan a nuestro paso, algunos con rasgos inconfundibles de más de un continente. Torre de Babel... aquí parece alojarse la herencia del mundo.

Acabo de advertir que el olor a coco del jabón del hotel permanecerá unido para siempre a estos pensamientos ya convertidos en recuerdos de este viaje.  Rescato uno por uno y selecciono este por su intensidad:
  Las manos de Jorge sirviendo el té en una cálida cafetería frente a la catedral de San Paul, mientras asimilamos la grandeza de lo visto en su recorrido por el interior. Y la voz  interna de mis recién estrenados cincuenta advirtiéndome:
"Saborea este momento. Todo pasa tan rápido"
Aunque estemos lejos del hogar y de nuestro Mediterráneo. ¡Qué dulce existir en ese momento!
Eva





































































jueves, 13 de marzo de 2014

Mis pasteles

Morgan Weistling


Cocinar tiene mucho que ver con preparar ideas, trabajar con ellas. La pastelería es distinta. Parece esconder el dulce encanto de la vida,  la recompensa.
Cuando la temperatura y el tiempo son las adecuadas. El horno consigue una alquimia especial e irreversible.
 Así como a sus pasteles veo hoy a mi pequeña hija mayor.
Estos últimos meses llenos de cambios importantes en su vida la han transformado. La aventura del matrimonio, la separación de su hermana o sus nuevos retos profesionales han hecho de ella toda una mujer.
En los hijos depositas todos los ingredientes naturales de tu corazón, después la vida se encarga de añadir otros. De esta mezcla y sólo con el calor del amor se produce el milagro. 
 La dificultad mayor, sin duda, calcular las medidas, las proporciones. Es tan peligroso no llegar como pasarse.
En tardes como las del último mes alejada de mi querido blog me he sumergido y he explorado otro espacio fascinante donde también se comparte. 
Tenía todos los ingredientes que pueden fascinar a un niño: caramelo, huevos, harina, levadura, mantequilla, chocolate.., y quemaduras en los dedos. Sigo no-aprendiendo lecciones.

Me faltan años de entrenamiento para  llegar a ser una buena pastelera.  Tiene su lógica: La cocina me apasiona, nunca me molestó improvisar un plato ni experimentar una nueva receta, pero con la repostería es distinto. Dice mi hija Ángela  que en la pastelería no hay  lugar para la improvisación, o utilizas las proporciones exactas, o el resultado nunca será el esperado. 
Ahí reside la dificultad,  en la exactitud de las medidas.
Nunca fui capaz de controlar ese espacio. La naturaleza me impide medir, controlar, calcular, administrar.... funciono mejor con la improvisación, la vida salvaje, el desconcierto, la intuición.
Aunque intenté  romper esa norma muchas veces,  el resultado siempre resultó forzado y falso. 
Mis últimas tardes con Ángela preparando nuevas recetas para su clase de repostería, lo confirman. Con el propósito no basta. 
Las horas se llenaran de fragancias dulces, miradas inquisidoras de mi maestra,  seguidas de las inevitables risas provocadas por mis desastres.
-"Deja de improvisar" me ha repetido muchas veces en los últimos días. 
-Aquí no hay lugar para tus experimentos.
-Pero, ¿no ves que así te vas a quemar?,
-¿Qué haces mama?
- Deja eso, no toques.
Ninguna de sus preguntas-reproche- llamadas de atención han podido evitar que me quemara con el azúcar, y que las bambollas hayan tatuado mis manos (creí que se quedaban para siempre). 
Tampoco que el techo de la casita de bizcocho no resistiera el peso de la "excesiva"cantidad  de nata y se derrumbara ante los ojos de todos aquella tarde. 
Ni que perdiera el entusiasmo.

Desde la otra casita, la de galleta y caramelo he observado el movimiento de sus manos  y escuchado sus palabras con atención.
 Por fin la siento libre, tal como la soñé, consciente de su propia vida. No ha perdido su mejor virtud, la inocencia, pero ahora la acompaña de una nueva, recién estrenada, confianza.
Siento que algunas recetas, las más importantes de la vida, cuyo origen se pierde con el tiempo, tienen mucho que ver con estas.
 Trato de recordar mi primer proyecto compartido. Sólo sería capaz de recordar algunos de los ingredientes y las cantidades exactas, imposible. Con seguridad generosas: Amor, entusiasmo, pasión, deseo, ternura, un poco de miedo, inexperiencia, intuición, sueños.... (posiblemente me olvido de alguna). Como mis platos favoritos, únicos, dependen de tantos factores. Nunca podría repetirlo igual.
Dos años después lo intenté de nuevo, compartí el proyecto con la misma persona,  utilizamos los mismos ingredientes, también con generosidad.  Los mismos...?  Olvidamos seguro alguno, olvidamos el miedo,  la inexperiencia, pero en otros donde la etiqueta del envase indicaba sueños capturados, espolvoreamos sin leer la advertencia que venía con letra pequeña y recomendaba utilizar con precaución. Añadimos una pizca de aventura. El resultado, igual de maravilloso, esta vez en el ingrediente secreto que actuó de levadura duplicamos la proporción , después el calor no cesó durante toda la transformación.
 Ahora concluida, nos llena de orgullo contemplar la obra,  tenemos que contener con mucho esfuerzo la tentación de comérnosla.

El horno ha pasado muchas tardes funcionando. Max desde una silla en alto ha observado con atención cada uno de nuestros movimientos con una mezcla de curiosidad y admiración. Su mirada me habla, creo que acaba de descubrir su verdadera vocación. No puedo evitar imaginarlo como un gran Chef. No puedo desperdiciar esta intensa inspiración. Así lo dibujaré en mi futuro Collage.
Ángela fue sacando bandejas de galletas perfectas, con una manga pastelera comenzó a decorarlas con un glaseado blanco. Observar como dibujaba con habilidad pequeños corazones, estrellas y escuchar sus confidencias ha sido mi mejor satisfacción en estas últimas tardes de invierno, justo lo que necesitaba para no alargar el tiempo de la espera. El momento del reencuentro, (se acercaba el día del regreso de Eva).
 Compartimos el mismo sueño del abrazo.
 Aunque la ventana de caramelo y galleta de mi casita terminará la última tarde como acompañamiento de taza de té.
 Mi gran obra ha salido deliciosa.
Eva


Aquí puedes visitar la obra de Morgan Weistling

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