miércoles, 30 de abril de 2014

Mi jardín secreto


"Todos los siglos, desde que se inició el mundo, se han descubierto maravillas. Así, el siglo pasado se descubrieron cosas más asombrosas que el siglo anterior, y este nuevo siglo saldrán a la luz cosas aún más extraordinarias. Al principio la gente se niega a creer que algo nuevo e inusitado pueda lograrse, luego ven que sí es posible, y cuando ya está hecho todos se preguntan por qué no se hizo hace ya siglos. Una de esas novedades que se empezaron a descubrir el pasado siglo fue que los pensamientos, los simples pensamientos, son tan poderosos como las pilas eléctricas, tan beneficiosos para uno como la luz del sol, o tan perjudiciales como el mismo veneno. Así pues, permitir que penetre en la mente un pensamiento triste o negativo es tan peligroso como dejar que entre en el cuerpo un microbio de escarlatina. Y si se permite que allí se quede una vez dentro, es posible que no nos podamos deshacer de él en la vida......Cosas mucho más extraordinarias le pueden suceder a quien, cuando le viene a la mente un pensamiento desagradable o descorazonador, tiene el buen juicio de acordarse a tiempo y expulsarlo, poniendo en su lugar otro pensamiento grato y decididamente valeroso; y es que no puede haber dos cosas en un mismo lugar: Donde haya una rosa, hijo mío, no crecerán villanos. "
Frances Hodgson Burnett
                                                       El jardín secreto (fragmento)


Jessie Willcox Smith

En la maceta más grande de la terraza, allí donde vive el jazmín, han crecido unas ortigas. Puedo imaginar de qué forma han llegado hasta allí, este pueblo donde vivo está rodeado de campos (lo agradezco cada primavera cuando el aire se impregna de un adorable olor a azahar) y resulta fácil suponer que el mismo viento, que llega cargado de olores, arrastre también diminutas semillas llevándolas lejos de su elemento natal. Existe también la posibilidad de que esta planta espinosa se haya adherido a un pequeño pájaro rojo que me visita con frecuencia.
Como sea, la naturaleza es sabia, creo que por eso la ha traído esta vez hasta aquí.
Cuando Jorge ha subido a regar las plantas y las ha visto por primera vez, me ha llamado para que subiera a contemplar el curioso milagro. 
Mentiría si dijera que no me fascina  reconocer en él tanta ilusión. 
Me gusta sentir que tampoco las considera una "mala hierba",  expresión que siempre me costó entender.
 La ortiga, aunque parezca una planta común,  no es como las otras, la diferencia la pone precisamente la ausencia de vanidad, una sencillez natural, y sus espinas que sólo son un escudo para protegerse contra lo desconocido. 
Aquí en esta zona crece salvaje en los campos, a la sombra de los árboles. Es tan habitual,  y el escozor que provoca su roce,  tan molesto, que queda para siempre en la memoria de cualquier niño que disfrute del  privilegio de la vida en el campo. 
De pequeño aprendías a evitarlas más por la experiencia propia que por los consejos de los mayores,  que te advertían de sus fastidiosas molestias.  Cualquier incursión en la naturaleza implicaba llevar calcetines largos o pantalones,  y por supuesto no tocarlas, cosa verdaderamente difícil de evitar cuando alguien más que amar... siente verdadera pasión por la naturaleza. 
 Demasiadas ocasiones hemos padecido ambos las molestas y diminutas bambollas en los dedos y en las piernas. 
La memoria juega con los recuerdos y la ternura de los niños que un día fuimos. No sólo hablo en nombre propio, me resulta fácil hacerlo en el de Jorge niño, conozco bien la historia de cada una de sus cicatrices, como él conoce las mías. Competimos en número y tamaño.  
He tendido la ropa al sol en la mañana y he contemplado con una sonrisa este nuevo y salvaje inquilino de la terraza. Con su visión inevitablemente he volado hacia esos lugares cercanos de donde llega y a otros muy lejanos en los años dulces e  intensos de los nuestra infancia. Hoy vivo cada una de esas  señales de  supervivencia.

Me paro a contar los moretones que pueblan mis  rodillas, a él no le salen con tanta facilidad. 
Siento una ternura infinita por cada uno de nuestros desatinos, despistes, resbalones en el agua,  picaduras de abejas Maya, torpezas, tropiezos, arañazos cogiendo moras, caídas de columpios, bicicleta,  motos, árboles. Disparates , peleas, urticaria, cortes, uñas moradas,  pedradas,  equivocaciones, señales de tantas aventuras vividas. 
Doy por seguro que de conocernos entonces, nos hubiéramos besado mucho antes.

 Al llegar la noche Jorge ha subido como cada día a contemplar el crepúsculo. Ha regresado feliz, con el mismo entusiasmo que descubrí frente al espejo esta mañana, noto que su memoria ha viajado en el mismo vagón.
- "Es ortiga de la verdadera", me ha dicho.
-¡Pica!

                                                                                                                           Eva

sábado, 26 de abril de 2014

Sherlock Holmes

    Arthur Conan Doyle  (1859 -1930)


A Sherlock Holmes pareció seducirle el proyecto de dividir su vivienda conmigo.

-Tengo echado el ojo a unas habitaciones en Baker Street -dijo-, que nos vendrían de perlas. Espero que no le repugne el olor a tabaco fuerte.

-No gasto otro -repuse.

-Hasta ahí vamos bastante bien. Suelo trastear con sustancias químicas y de vez en cuanto realizo algún experimento. ¿Le importa?

-En absoluto.

-Veamos..., cuáles son mis otros inconvenientes. De tarde en tarde me pongo melancólico y no despego los labios durante días. No lo atribuya usted nunca a mal humor o resentimiento. Déjeme sencillamente a mi aire y verá qué pronto me enderezo. En fin, ¿qué tiene usted a su vez que confesarme? Es aconsejable que dos individuos estén impuestos sobre sus peores aspectos antes de que se decidan a vivir juntos.

Me hizo reír semejante interrogatorio. -Soy dueño de un cachorrito -dije-, y desapruebo los estrépitos porque mis nervios están destrozados... y me levanto a las horas más inesperadas y me declaro, en fin, perezoso en extremo. Guardo otra serie de vicios para los momentos de euforia, aunque los enumerados ocupan a la sazón un lugar preeminente.

-¿Entra para usted el violín en la categoría de lo estrepitoso? -me preguntó muy alarmado.

-Según quién lo toque -repuse-. Un violín bien tratado es un regalo de los dioses, un violín en manos poco diestras...

-Magnífico -concluyó con una risa alegre-. Creo que puede considerarse el trato zanjado..., siempre y cuando dé usted el visto bueno a las habitaciones.

-¿Cuándo podemos visitarlas?
Fragmento extraído de la novela  Estudio en escarlata

Arthur Conan Doyle 







Sherlock Holmes

“¡No lo harás! ¡No puedes! ¡No debes!”, le gritó la madre de Arthur Conan Doyle cuando éste le comunicó su intención de matar a Sherlock Holmes en 1893, apenas seis años después de haberlo creado. Se había cansado del personaje que lo encumbró porque le acaparaba todos sus pensamientos; por ello le dio fin junto a su eterno rival, James Moriarty, en el relato El problema final (1893) durante la terrible y ya famosa lucha en las cataratas de Reichenbach, en Suiza. El público, indignado, clamó por su regreso. Así que el escritor escocés no tuvo más remedio que resucitarlo e inventó una nueva historia: El perro de los Baskerville (1902). Ya por aquel entonces entendió que su criatura se había convertido en el detective más famoso de todos los tiempos y que jamás se libraría de él. Lo que sí no se hubiera podido imaginar es que 125 años después de la publicación de su primera obra, Estudio en Escarlata (1887), su personaje continuaría siendo objeto de inspiración para escritores y cineastas, y más de 170 autores lo intentarían copiar, incluidos su cuñado y su propio hijo.


 "El caso de los ‘hijos bastardos’ de Sherlock Holmes", El País, 28.02.12


jueves, 24 de abril de 2014

Viajar

Inga Moore




Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación.
El resto no son sino decepciones y fatigas.
Nuestro viaje es por entero imaginario.
A eso debe su fuerza.
Va de la vida a la muerte. Hombres,
Animales, ciudades y cosas, todo es imaginado.
Es una novela, una simple historia ficticia.
Lo dice Littré, que nunca se equivoca.
Y, además, que todo el mundo puede hacer igual.
Basta con cerrar los ojos.
Está del otro lado de la vida.

 Louis-Ferdinand Céline (1894-1961)







martes, 15 de abril de 2014

Londres


 "En los ojos de la gente, en el ir y venir y el ajetreo; en el griterío y el zumbido; los carruajes, los automóviles, los autobuses, los camiones, los hombres-anuncio que arrastran los pies y se balancean; las bandas de viento; los organillos; en el triunfo, en el campanilleo y en el alto y extraño canto de un avión en lo alto, estaba lo que ella amaba: la vida, Londres,( )".
 'La señora Dalloway'- Virginia Wolf.




Lo verdaderamente hermoso de un viaje comienza mucho antes de emprenderlo. Mientras haces planes,  imaginas, dibujas itinerarios. La mente emprende un juego con dos entrañables amigos, los sueños y las posibilidades.
 Se ponen en marcha nuevas ilusiones. Se encienden sensaciones de color intenso.
 Al regresar, no sólo desciendes del cielo, y con más volumen de equipaje.
 Es necesario dejar pasar un tiempo para asimilar lo vivido.

Ahora los ojos atentos que han pasado días en movimiento constante, alimentando una  curiosidad insaciable,  necesitan bajar los párpados y mirar hacia dentro,  allí en ese lugar de silencio y pausa,  donde interiorizas el paisaje vivido. Donde has ido almacenando cada momento y detalle con adjetivo propio.

Londres ya me había fascinado la primera vez que la visité.  Confieso que desde ese día se convirtió en una de mis ciudades favoritas.
 Es uno de esos lugares vitales de los que te despides siempre con un hasta pronto, porqué sabes que algún día inevitablemente has de volver.
Esta vez acudí a la cita con una compañía distinta, incluso diferente estación del año. Afortunadamente me esperaba el cielo tan gris y fascinante como recordaba y vivir alguna inquietante sensación Déjà vu, (demasiado soñadora).

Al llegar aspiré profundamente aquel aire fresco tan agradable, que con esta nueva primavera parecía  cargado de los aromas que brotan de la lluvia .

Un paisaje que invita a pasear. Calles dignas de las historias que han inspirado (elemental) a tantos escritores y artistas.
 Árboles que recordaba desnudos y semejantes a cualquier obra escultórica contemporánea,  ahora ante mis ojos,  nuevos,  superando cualquier expectativa.
 Sólo queda de aquel otoño y reconozco los viejos troncos oscurecidos por el frío y la humedad. Las  flores y hojas que dormían en su interior y yo ya presentía entonces,  ahora se presentan y tengo que contener la fuerte tentación de acariciar.  La dejo (de momento) suspendida en el espacio.

Vuelvo a apropiarme de la cámara, hacía años que no sentía tanta necesidad de hacerlo.
Me distrae  la luz de la mañana, unos labios, un color de ojos fascinante, inesperado. Calles, museos con colecciones  asombrosas e irrepetibles donde hurgar tantos secretos del pasado.  Diversidad de rostros, parques, músicos,  flores, el arte que está por todos lados envuelto en una extraña y fascinante contraste, entre la euforia al aire libre y el ambiente más sombrío.
Se convierte en un placer contemplar desde el puente la marea baja y las huellas que deja el movimiento del agua del Támesis en la noche.
 La humedad antigua que vive en los gruesos muros, el vuelo de las gaviotas, los modernos edificios asomando con su fuerza y juventud,  rompiendo el clásico e inconfundible estilo londinense. Ahí creo que reside el misterio de esta belleza, en la armonía entre la antigüedad más clásica y la vanguardia más actual, aquella que aparece sin permiso, sin excusa y que expira en cada rincón de esta ciudad.

Un mar de rostros se cruzan a nuestro paso, algunos con rasgos inconfundibles de más de un continente. Torre de Babel... aquí parece alojarse la herencia del mundo.

Acabo de advertir que el olor a coco del jabón del hotel permanecerá unido para siempre a estos pensamientos ya convertidos en recuerdos de este viaje.  Rescato uno por uno y selecciono este por su intensidad:
  Las manos de Jorge sirviendo el té en una cálida cafetería frente a la catedral de San Paul, mientras asimilamos la grandeza de lo visto en su recorrido por el interior. Y la voz  interna de mis recién estrenados cincuenta advirtiéndome:
"Saborea este momento. Todo pasa tan rápido"
Aunque estemos lejos del hogar y de nuestro Mediterráneo. ¡Qué dulce existir en ese momento!
Eva





































































jueves, 13 de marzo de 2014

Mis pasteles

Morgan Weistling


Cocinar tiene mucho que ver con preparar ideas, trabajar con ellas. La pastelería es distinta. Parece esconder el dulce encanto de la vida,  la recompensa.
Cuando la temperatura y el tiempo son las adecuadas. El horno consigue una alquimia especial e irreversible.
 Así como a sus pasteles veo hoy a mi pequeña hija mayor.
Estos últimos meses llenos de cambios importantes en su vida la han transformado. La aventura del matrimonio, la separación de su hermana o sus nuevos retos profesionales han hecho de ella toda una mujer.
En los hijos depositas todos los ingredientes naturales de tu corazón, después la vida se encarga de añadir otros. De esta mezcla y sólo con el calor del amor se produce el milagro. 
 La dificultad mayor, sin duda, calcular las medidas, las proporciones. Es tan peligroso no llegar como pasarse.
En tardes como las del último mes alejada de mi querido blog me he sumergido y he explorado otro espacio fascinante donde también se comparte. 
Tenía todos los ingredientes que pueden fascinar a un niño: caramelo, huevos, harina, levadura, mantequilla, chocolate.., y quemaduras en los dedos. Sigo no-aprendiendo lecciones.

Me faltan años de entrenamiento para  llegar a ser una buena pastelera.  Tiene su lógica: La cocina me apasiona, nunca me molestó improvisar un plato ni experimentar una nueva receta, pero con la repostería es distinto. Dice mi hija Ángela  que en la pastelería no hay  lugar para la improvisación, o utilizas las proporciones exactas, o el resultado nunca será el esperado. 
Ahí reside la dificultad,  en la exactitud de las medidas.
Nunca fui capaz de controlar ese espacio. La naturaleza me impide medir, controlar, calcular, administrar.... funciono mejor con la improvisación, la vida salvaje, el desconcierto, la intuición.
Aunque intenté  romper esa norma muchas veces,  el resultado siempre resultó forzado y falso. 
Mis últimas tardes con Ángela preparando nuevas recetas para su clase de repostería, lo confirman. Con el propósito no basta. 
Las horas se llenaran de fragancias dulces, miradas inquisidoras de mi maestra,  seguidas de las inevitables risas provocadas por mis desastres.
-"Deja de improvisar" me ha repetido muchas veces en los últimos días. 
-Aquí no hay lugar para tus experimentos.
-Pero, ¿no ves que así te vas a quemar?,
-¿Qué haces mama?
- Deja eso, no toques.
Ninguna de sus preguntas-reproche- llamadas de atención han podido evitar que me quemara con el azúcar, y que las bambollas hayan tatuado mis manos (creí que se quedaban para siempre). 
Tampoco que el techo de la casita de bizcocho no resistiera el peso de la "excesiva"cantidad  de nata y se derrumbara ante los ojos de todos aquella tarde. 
Ni que perdiera el entusiasmo.

Desde la otra casita, la de galleta y caramelo he observado el movimiento de sus manos  y escuchado sus palabras con atención.
 Por fin la siento libre, tal como la soñé, consciente de su propia vida. No ha perdido su mejor virtud, la inocencia, pero ahora la acompaña de una nueva, recién estrenada, confianza.
Siento que algunas recetas, las más importantes de la vida, cuyo origen se pierde con el tiempo, tienen mucho que ver con estas.
 Trato de recordar mi primer proyecto compartido. Sólo sería capaz de recordar algunos de los ingredientes y las cantidades exactas, imposible. Con seguridad generosas: Amor, entusiasmo, pasión, deseo, ternura, un poco de miedo, inexperiencia, intuición, sueños.... (posiblemente me olvido de alguna). Como mis platos favoritos, únicos, dependen de tantos factores. Nunca podría repetirlo igual.
Dos años después lo intenté de nuevo, compartí el proyecto con la misma persona,  utilizamos los mismos ingredientes, también con generosidad.  Los mismos...?  Olvidamos seguro alguno, olvidamos el miedo,  la inexperiencia, pero en otros donde la etiqueta del envase indicaba sueños capturados, espolvoreamos sin leer la advertencia que venía con letra pequeña y recomendaba utilizar con precaución. Añadimos una pizca de aventura. El resultado, igual de maravilloso, esta vez en el ingrediente secreto que actuó de levadura duplicamos la proporción , después el calor no cesó durante toda la transformación.
 Ahora concluida, nos llena de orgullo contemplar la obra,  tenemos que contener con mucho esfuerzo la tentación de comérnosla.

El horno ha pasado muchas tardes funcionando. Max desde una silla en alto ha observado con atención cada uno de nuestros movimientos con una mezcla de curiosidad y admiración. Su mirada me habla, creo que acaba de descubrir su verdadera vocación. No puedo evitar imaginarlo como un gran Chef. No puedo desperdiciar esta intensa inspiración. Así lo dibujaré en mi futuro Collage.
Ángela fue sacando bandejas de galletas perfectas, con una manga pastelera comenzó a decorarlas con un glaseado blanco. Observar como dibujaba con habilidad pequeños corazones, estrellas y escuchar sus confidencias ha sido mi mejor satisfacción en estas últimas tardes de invierno, justo lo que necesitaba para no alargar el tiempo de la espera. El momento del reencuentro, (se acercaba el día del regreso de Eva).
 Compartimos el mismo sueño del abrazo.
 Aunque la ventana de caramelo y galleta de mi casita terminará la última tarde como acompañamiento de taza de té.
 Mi gran obra ha salido deliciosa.
Eva


Aquí puedes visitar la obra de Morgan Weistling

sábado, 8 de febrero de 2014

antonia ferrer: VENUS DE TERRACOTA






antonia ferrer: VENUS DE TERRACOTA:  En la colección "VENUS"  estudio la anatomía femenina con toda su carnalidad, sin artificios.  Una venus real y entrañable...

jueves, 6 de febrero de 2014

Situaciones complicadas

Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.
El Arte de la Guerra - Sun Tzu


Frederick Cayley Robinson- A winters evening


 
Lo que comenzó con una simple llamada de reclamación a mi compañía telefónica se convirtió en la mecha hacia una inevitable explosión.
La chispa se enciende cuando quién te contesta es la voz de una máquina. Con un extraño sentimiento de deshumanización comienzo respondiendo a cada una de las preguntas que me formula, nombre, motivo de la llamada, no me entiende, repito, pulse uno para.., pulse dos para.., pulse tres para hablar con un agente. Pulso 3...  Música en la espera. Mis manos se inquietan y comienzo a  rellenar cuadritos de la libreta con mi nuevo bolígrafo de cuatro colores. Intercambio las cuatro tonalidades en una misma letra.
Me trae tantos recuerdos de la infancia este acto.
 Por fin una voz humana, mi DNI, mi número de teléfono.  Le explico el problema. No pertenece a su departamento. Anoto un nuevo teléfono, otra máquina  contesta, otra vez la misma grabación . -Hablar con un agente, repita no se entiende, levanto el tono,  -hablar con un agente-, nueva voz. De nuevo el DNI,  número de teléfono. Vuelvo a repetir el motivo de la llamada. Nuevamente me remite a otro departamento, así sucesivamente voy repitiendo los mismos pasos durante una hora eterna. Exasperante, llego a confundir hasta mi número y  siento como mi equilibrio inicial se quiebra en mil trocitos.
Termino levantando la voz a alguien que no conozco y que  seguramente no se lo merece. Me siento mal por ello. Llego hasta gritar a  la máquina parlante. ¿Donde irán estas grabaciones?
Me confundo,  después de tantas voces ya no se si me dirijo y enfado con la máquina o con la persona. No consigo nada.
Algo ocurre aquí en este lugar donde no sobrevive el amor ni un minuto. Después de esta experiencia me siento  irritada,  exáhusta, vulnerable.
Yo que cuando el sábado pasado compré el bolígrafo de cuatro colores lo hice con la intención de llenar de colorido y alegría las palabras que escribo. Por eso rompo el papel que ha recogido estos sentimientos tan negativos. No me gusta nada lo que he dibujado, refleja claramente la irritación de esta  última hora. Lo veo consumirse en el fuego.
Espero que a partir de ahora no asocie su escritura a este momento.
 Sólo quiero quedarme junto al fuego, en silencio,  en esta tarde de invierno como la bella imagen de Frederick Cayley .  Escucho el viento y lo acompaño "Del suo veloce volo", un regalo de mi dulce sobrina Elisa por mi cumpleaños.  Con ella si me gusta hablar.
Una vez más el arte y la música me rescatan.
Eva



 

lunes, 3 de febrero de 2014

Lo que nos cuesta ver

Llegar ahí es tu destino,
Pero nunca apresures el viaje,
Es preferible que dure años,
que seas viejo cuando alcances la isla,
rico con todo lo que habrás ganado en el camino,
sin esperar que sea Ítaca la que te haga rico.

 

Acrílico sobre lienzo 73x92  - Inma Valderas
 

Una amiga me llevó a un sitio impresionante el otro día. Se llama el Augusteu. Octavio Augusto lo construyó para que albergara sus restos.
Cuando llegaron los Barbaros y arrasaron con todo.
El gran Augusto, el primer gran emperador de Roma, ¿Cómo podría imaginar que Roma o lo que para él era el mundo entero, Acabaría un día en ruinas.
Nos conformamos con vivir infelices porqué nos da miedo el cambio, que todo quede reducido a ruinas. Pero al contemplar este sitio. El caos que ha soportado, la forma en la que ha sido adaptado, incendiado, saqueado, y luego vuelto a levantar me vine arriba .
"A lo mejor mi vida no ha sido tan caótica y es el mundo el que lo és. El único engaño es intentar aferrarse a ella a toda costa.
Las ruinas son un regalo.., las ruinas son el camino a la transformación"



 
Fragmento del poema Ítaca de Kavafis
Texto extraído de la película Comer, rezar, amar. 

lunes, 27 de enero de 2014

III Postal desde la India - Impresiones de Kolkata

"No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia
sin sentirse mejor y más feliz."
Madre Teresa de Calcuta 
  
Querida Moncollage:
Nunca antes estuve tan dentro de "la auténtica India" ni tan cerca del Océano Índico.
He llegado  hasta el estado de Bengala con la ilusión de conocer la  ciudad de Kolkata, aquella que describió Julio Verne en su famosa novela "La vuelta al mundo en 80 días" y que vió nacer a tu admirado Tagore (ya ves donde quiera  que voy siento que viajas conmigo).


No es fácil sobrevivir en mitad del caos, o circular donde nadie respeta el código de circulación. La distancia que separa el aeropuerto de la ciudad, una hora aproximadamente, transcurre como un sueño extraño, ¿será por hacerlo realidad? A saber... El viaje dentro del taxi nos lleva a la casa familiar de mi amiga Dona. Lo que veo a través de la ventana es tan distinto a todo lo visto desde mi llegada a este país. Pienso que si fuera pintora (uno de mis sueños frustrados) no sabría por donde comenzar este cuadro, hay demasiado color e intensidad que asimilar.


Sorteamos todo tipo de vehículos, esquivamos peatones,  rickshaws, bicicletas, animales... no hay posibilidad de distracción para el que intenta algo parecido al verbo conducir. Dentro de esta espesura geográfica que supera los trece millones de habitantes no me queda otra opción que transformarse en agua, una pequeña gota.
Kolkata, también conocida como "La ciudad de la alegría" tiene como santa patrona a la diosa Kali. A ella tendré que agradecerle que ninguno de los diferentes vehículos que invaden con absoluta normalidad nuestro carril haya chocado con nosotros.
Con todo esto desde mi llegada me acompaña una certeza: No saldré de esta aventura, en la delirante  ciudad que se extiende a orillas del río Hugli, igual que cuando llegué.

.
Pero lo mejor me espera al atravesar la puerta de la casa. Una casa donde conviven en perfecta armonía tres generaciones de una misma familia. Durante mi estancia cada miembro de la familia y hasta del vecindario, se esfuerza por hacerme agradable la estancia y casi a la hora siento que ya no soy la invitada, sino una más entre ellos.  

Son admirables los detalles de respeto reflejados en cada saludo y la convivencia  entre ellos me explican más y mejor que cualquier libro. La bondad aquí adopta cualquier forma. Se habla en bengalí y en inglés, como sea, pero siempre sonriendo.  Y no sé si es por mi piel, mi estatura o mi pelo que todos quieren una foto a mi lado, me agasajan y parecen entusiasmados, yo me divierto. Al parecer, la diferencia resulta tan exótica para ellos como para mí sus costumbres.


Tras cumplir con los compromisos que nos llevaban a la ciudad, visitamos los edificios más emblemáticos. Dona tiene preparado para mí un itinerario imprescindible: algunos templos y el monumento a la reina Victoria como huella de tantos años como colonia inglesa. Por otra parte, me atrevo con la comida calcutense, y compruebo que tenía razón, es algo distinta de donde venimos. Me encantan/enganchan los dulces de este país.


 Entre la espesa polución que flota en el aire circulan multitud de transportes colectivos. Aquí si algún pasajero llega tarde o no cabe, no hay problema, cualquier ventana, barra o puerta donde una mano pueda asirse será suficiente plaza para desplazarse por la ciudad. El peligro al que se expone cada individuo de los que viajan de esta curiosa manera, lo asume única y exclusivamente él. La supervivencia, un milagro; yo, en shock. La diosa Kali tiene verdaderamente mucho trabajo aquí.


En la noche las mujeres de la casa recuperan tantas horas extraviadas en la distancia, y es en esos momentos de risas y confidencias entre mujeres cuando me acuerdo especialmente de nuestras noches de verano conversando hasta altas horas. Ya ves que el amor entre madres e hijas es un lenguaje universal.

Las cálidas y entrañables palabras que pronuncia frente a todos el cabeza de familia en la despedida será un recuerdo que me acompañará siempre y el viaje de vuelta hacia "mi casa" en Goa me invita una vez más a la reflexión: "Hemos avanzado mucho, pero tenemos tanto que aprender".

Que afortunada me siento de haber vivido esta experiencia.

Eva Clérigues


 Juguetes

¡Qué feliz eres, niño, sentado en el polvo, 

divirtiéndote toda la mañana con una ramita rota!

Sonrío al verte jugar con este trocito de madera.

Estoy ocupado haciendo cuentas, 

y me paso horas y horas sumando cifras.

Tal vez me miras con el rabillo del ojo y piensas:

«¡Qué necesidad perder la tarde con un juego como ese!»
                                                       Niño, los bastones y las tortas de barro 
                                                       ya no me divierten; he olvidado tu arte.

Persigo entretenimientos costosos 

y amontono oro y plata.

Tú juegas con el corazón alegre con todo cuanto encuentras.

Yo dedico mis fuerzas y mi tiempo

a la conquista de cosas que nunca podré obtener.

En mi frágil esquife pretendo cruzar el mar de la ambición, 

y llego a olvidar que también mi trabajo es sólo un juego.

Rabindranath Tagore


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viernes, 24 de enero de 2014

Amanecer en la Malvarrosa



Angela captura un amanecer

Qué musa maravillosa
habrá bajado a besarte
y qué delicia tortuosa
habrá sentido al dejarte.

Tú te diste a musicarla
con violines de ambrosía
y a la hora de guardarla
viste tus manos vacías.

Pobre insensato pintor,
paleta en mano
tinta de amanecer,
rompiendo sombras,
inventando el color
que sólo tú podías,
sólo tú creías ver.

Así voló tu memoria
aún más allá que tus años.
Siempre es noticia una historia
de besos y desengaños.

Desde que hallaste la musa
que te llevó a la locura,
canta tu línea inconclusa
la misma recta sin cura.

jueves, 23 de enero de 2014

50 años

                                                                    ¡Qué bien!
-Las manos en los bolsillos ya-
¡Qué gusto!
 Eternas variedades se ofrecen , repetidas,
el alma transplantada a nueva escena.
La ciudad vira, flota, se desancla.
¿El mundo va por mar? ¿Dios es marino?
El momento me lleva,
¿en barco, en coche, en tren, en aeroplano?,
-todo corre, retiembla, gira, vuela-
a mil puertos, a mil parques, a mil montañas y a mil ciudades nuevas.
Desde el balcón  de par en par, 
¡que perspectivas  de eternidad alterna!
Juan Ramón Jiménez




 Los cincuenta han llegado puntuales. 
Me preparo para este segundo tiempo,
en el intenso e interesante partido de la vida. 
Me siento en forma, no me rindo, sigo intentándolo.
 Presiento que voy a recibir mucho amor.
Aquí tenéis mis besos.
Algunas señales han llegado en forma de vídeo desde muy lejos.
Aviso:
NO QUIERO PERDERME NADA

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