Caía la lluvia, el viento zarandeaba los árboles deshojados, y de tiempos pasados viene una imagen, la de un hombre alto y delgado, viejo, ahora que está más cerca, por un camino inundado. Trae un callado al hombro, un gabán embarrado y antiguo, y por él se deslizan todas las aguas del cielo. Delante vienen los cerdos, con la cabeza baja, rozando el suelo con el hocico. El hombre que así se aproxima, difuso entre las cuerdas de lluvia, es mi abuelo. Viene cansado, el viejo. Arrastra consigo setenta años de vida difícil, de privaciones, de ignorancia. Y no obstante es un hombre sabio, callado, que sólo abre la boca para decir lo indispensable. Habla tan poco que todos nos callamos para oírlo cuando en el rostro se le enciende algo así como una luz de aviso. Tiene una manera extraña de mirar a lo lejos, incluso siendo ese lejos la pared de enfrente. Su cara parece haber sido tallada con una azuela, fija aunque expresiva, y los ojos pequeños y agudos, brillan de vez en cuando como si algo que estuviera pensando hubiera sido definitivamente comprendido. Es un hombre como tantos otros en esta tierra, en este mundo, tal vez un Einstein aplastado bajo una montaña de imposibles, un filósofo, un gran escritor analfabeto. Algo que no podrá ser nunca.
(...) Pero la imagen que no me abandona en esta hora de melancolía es la del viejo que avanza bajo la lluvia, obstinado, silencioso, como quien cumple un destino que no podrá modificar.
Existe una edad distinta. Los años donde cohabitan las últimas sacudidas de infancia y asoman los primeros albores del cuerpo y la mente.
Si tienes la suerte de contar con hermanos mayores, juegas con ventaja. Sólo conviene estar atento, observar, admirar, deslumbrarte con los privilegios que comienzan a gozar e instruirte de sus errores, aunque esto no te redime de cometer otros nuevos con tu firma impresa. Atrapados en mitad de una situación que en algunos momentos te enfurece.
¡Ah!... y lo más duro de este peculiar espacio en el tiempo, tener la capacidad de "esperar" a que un día llegue tu momento.
Mientras, continuas formando parte del grupo de "los pequeños", esos que leen a escondidas el diario privado de la hermana mayor y participan en los juegos que hasta el momento te interesaban y ya comienzan a perder la magia del aliciente. Sigues jugando y obedeciendo las normas y horarios que te asfixian.
Un día de piscina es el equivalente a un día de contiendas por la resistencia bajo el agua, los saltos de trampolín, y el regresar a la toalla después de las competiciones, con los dedos arrugados de un color blanco amoratado, y tumbarse al sol, suplicando al cielo dos cosas: Crecer pronto, y que esa gran nube que se desplaza en el cielo no oculte el sol justo en el momento que más lo necesitas.
En el otro extremo de la piscina, justo a la distancia adecuada, lo suficientemente alejados de padres y hermanos pequeños, se reúnen en torno a la música los jóvenes, ese grupo fascinante que ha alcanzado el culmen de la independencia y la vida, y provoca en los más pequeños un sentimiento que se parece mucho a la envidia. Chicos y chicas mayores que viven su momento especial de juventud. Se trata de la pandilla de mi hermana mayor. Menuda suerte la suya, disfrutan animadamente sentados en la hierba con la música alta. Ríen, gesticulan, cuentan historias interesantes, y algunos hasta fuman. Todo lo que a una niña de trece años le parece sin duda el ideal. Viviendo una agradable mañana de un verano que lo envuelve todo.
Mis ojos aún retienen las gotas de agua que quedaron atrapadas entre las pestañas. Al tumbarme al sol, este las atraviesa y asisto a una explosión de colores. El milagro de la descomposición de la luz blanca. Entre mi arco iris particular distingo a alguien del grupo que se incorpora y sonríe. lo conozco. Avanza hasta el borde de la piscina y con un suave impulso se lanza al agua fría hasta sumergirse en la profundidad del azul. Mientras lo hace he reparado por primera vez en la belleza de su cuerpo. Espero y compruebo que se toma su tiempo en salir, y yo que vengo de competir por resistencia. Valoro la fluidez con la que sale a flote, sin demostrar la necesidad urgente de aire, como yo generalmente acostumbro a salir. Se desplaza por el agua con un estilo virtuoso. Admiro como extiende al máximo la longitud de su cuerpo, haciéndolo como si se tratara de un bello delfín, y el agua su hábitat.
Escucho la música que llega hasta mí, mientras intento esconder mi cabeza entre los brazos. Al hacerlo un olor molesto estropea mis pensamientos, el desagradable cloro. Mis dientes aún castañetean, sin duda rebasé mi tiempo en el agua. Incapaz de perderme la ceremonia, retomo el espectáculo y vuelvo a la posición inicial, apoyando mi cabeza sobre la oreja. Existe una extraña atracción que aún no descifro si proviene de la admiración por la destreza o se trata de un presentimiento. Mis pupilas siguen su trayectoria en la piscina.
Desde la altura observo el brillo del agua y su pelo de un azabache profundo. Deseo que este sol venza pronto el frío de mi piel y seque la toalla mojada.
Cuando finalmente llega de nuevo el calor y se detiene el temblor, recupero la imagen del agua inmóvil como un espejo y esa silueta que continua trazando una línea recta y perfecta. Acompaño cada una de sus brazadas que seccionan y se dilatan si se tratara de una hermosa danza. Acabo de asistir a una clase práctica de elegancia.
Sale del agua con el único impulso de sus manos , y entre el fino espacio que dejan mis brazos le veo acercarse hasta aquí. Saluda a mis padres y me hace un guiño cariñoso. Siento que alcancé la cima de la timidez, y presiento que se me nota demasiado. Como recurso recurro a la parálisis total, mientras él sonríe y conversa con naturalidad con mis padres. Escucho su adorable y serena dicción. Al hacerlo su rostro adquiere un halo innato, sólo semejante al resplandor de una luna llena. Me quedo desentrañando el misterio que encierra aquella recién estrenada sensación. Se despide y se aleja llegando de nuevo hasta donde una mano lo espera.
El calor vuelve y me obliga a volver al agua, debo atravesar la hierba donde los mayores ríen, y disfrutan en animada charla llena de desenfado y música.
Me pareció que alguien me observa y busca mis ojos, al devolverle la mirada descifro en los suyos un mensaje: "Te espero". Un cosquilleo recorre mi estómago. Subo al trampolín y me lanzo al agua fría, mis hermanos me siguen, pero ahora no escucho nada, me acabo de despojar de cualquier miedo. Me siento mayor por primera vez en mi vida, dentro de esta piscina. Me permito el placer de deslizarme y disfrutar del momento. Sumergirme hasta lo más hondo. Abro los ojos bajo el agua y ante mí este espacio se llena de flores. El impulso del aire contenido en los pulmones me lleva de nuevo hacía la superficie y esta vez floto con una recién estrenada perspectiva. Entre tanta luz y belleza escucho mis latidos y
sueño despierta. Imposible imaginar que ese sueño un día lejano de allí se cumple.., inevitablemente. Eva
Mi aventura en este océano del ciberespacio me lleva hoy en mi imprevisible destino a un nuevo puerto. Es extraño. Me he acercado hasta aquí como hago habitualmente, dejando que el azar y el viento me guíen. Pero sospecho que en este lugar reside algo distinto. Me sorprende la entrada que acoge al invitado. No es como las que he fondeado hasta el momento y pronto descubro la diferencia. Las palabras de bienvenida no las escribe el dueño de la casa, sino su familia, en su nombre.
Es curioso que a estas alturas de la vida me siga impresionando por cosas como esta, pero compruebo por el humedecimiento de mis ojos que sigue siendo así.
Quizá porque pertenezco y comienzo a entender el mundo de un blog, y lo que nos lleva hasta aquí, este lugar donde rescatamos palabras y obras que nos emocionaron, acumulamos historias personales y dejamos impresa parte de nuestra existencia, y como dice el poeta:
"La poesía que busco es como un diario en donde no hay proyecto ni medida"
Presiento inquietudes y alma en cada espacio que visito. Pero sinceramente nunca me detuve a pensar que ocurre con nuestras palabras, (esas que acuñamos y lanzamos al mundo), una vez que hayamos desaparecido. Posiblemente nunca antes nos pertenecieron y sólo las tomamos prestadas durante un breve espacio en el tiempo, como ocurre con nuestros cuerpos.
Nunca tuve en cuenta que nuestra existencia es mucho más frágil y corta que cualquier palabra escrita.
Ernesto se muestra en su blog Testigo como el ser humano que fue, comparte sus gustos, aficiones, y deja explícita su sensibilidad que hoy ha inundado mi vista con sus paisajes.
Pensé en mi padre que seguro hubiera disfrutado con este maravilloso invento, y recordé como su perdida desencadenó en mí el sentimiento nuevo y extraño de apreciar cada mínimo elemento que le perteneció en vida. Esperando encontrar en él algo de ese ser que nos acompañó. Su familia recibe sin duda una hermosa herencia emocional y la suerte de poder visitar este rincón siempre que lo deseen, donde su perfume permanece.
Aquí en este blog abierto al visitante nos sigue recibiendo un espíritu, un alma y curiosamente me sigue pareciendo que respira. En cada una de sus entradas habitan dos elementos imprescindibles para atrapar al lector, la sabiduría que atesora un amante de la cultura y la belleza nacida de una gran sensibilidad.
Me ha hecho reflexionar sobre la vida y la muerte y al cerrarlo tengo la sensación de haber salido de un lugar que ha vencido a la supervivencia, por eso lo he guardado en mis favoritos para "la eternidad".
Me subo de nuevo en esta barca y llego a una de mis espacios habituales, durante el trayecto no puedo apartar mi pensamiento de Ernesto y este nombre se mezcla con otros muchos nombres de personas que dejaron su huella en mi memoria y que ahora le acompañan.
Me detengo en casa de una buena amiga Dibujos, libros y otras hierbas y aquí encuentro la canción que necesitaba, la que me envuelve entre sus brazos y me lleva de nuevo hasta casa.
Esta visita me ha dado una nueva lección: Debemos seguir viajando, y saboreando nuestro paso por la vida, que está llena de tesoros aún por desenterrar y descubrir. Porque nuestro viaje, sirve de testimonio imprescindible para los que llegan. Sin duda dejamos impresa nuestra alma en cada cosa que hacemos.
¿Te atreves a jugar y competir con los que te rodean?
1. Abre el link
2. Presiona START
3. Después del 3, 2, 1...saldrán números en distinto orden que tienes que seleccionar mediante un "click" empezando del número más pequeño al más grande.
4. Al final el programa calculará un número que representa la edad de tu cerebro.
Si aceptas el reto entra aquí, y rejuvenece, o no.
Sería bueno que cuando nos hacemos adultos lleváramos de la mano al niño que fuimos y éste nos dijera, cuando fuese necesario,"no hagas esto ni aquello."
Jose Saramago
Este vídeo con el tiempo se ha convertido en imprescindible, y
la canción oficial para poner orden en el hogar.
Todo un clásico en la familia
Destinada a cualquier persona que necesite motivación. Ah..., y la casa queda muy limmmmpiaaaa.
Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto,decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.
Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:
¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura
Y la hija respondió: No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.
Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella
dentro de seis meses será escogida por mí, esposa futura, emperatriz de China.
La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.
El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.
Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.
Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie
entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:
Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad.
"¿Por qué dormir?, me han preguntado, me pregunto. No creo que un fotógrafo deba dar forzosamente explicaciones sobre esto, sin embargo, dicen que, durante los años ha sido mi pequeña obsesión: pero tal vez no sea la adecuada, ni verdadera. Lo que en verdad me apasiona como fotógrafo que practica, parafraseando a Paul Valéry, en una fotografía, es el momento en que se crea la forma y la forma que revela el momento, y quién sabe, tal vez incluso sus significados, la cara cuando duerme hace un cambio instantáneo, casi inmóvil, pero extrañamente eso no es una interrupción del flujo de la vida.
Estoy interesado en encontrar en mis fotos un hecho tan natural, habitual, universal y, que desaparece. Que nos deja casi secretamente, generalmente en lugares protegidos, porque sabemos que estamos indefensos a la entrega de los demás ".
"Hace millones de años que las flores producen espinas. Hace millones de años que los corderos a pesar de todo se comen las flores. ¿Y no es importante intentar entender por qué ellas se esfuerzan tanto en hacerse espinas que no sirven nunca para nada? ¿No es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es más serio y más importante que las cuentas de un voluminoso Señor colorado? Y si yo conozco una flor única en el mundo que no existe en ninguna parte salvo en mi planeta, a la que un corderito puede aniquilar de un golpe, así no más, una mañana, sin darse cuenta de lo que hace, ¿eso no es importante?
Disculpa la intromisión Mon Collage, me cuelo en tu blog para invitar a tus lectores a navegar por la nueva fan page de Brassa de Mar y sumar un 'Me gusta' a este innovador y estimado proyecto. A los que vivís en Valencia no os podéis perder este Restaurante-BeachClub de ambiente contemporáneo e impresionantes vistas y, por supuesto, a los que estáis lejos os invitamos cuando queráis a saborear el arte de la ciudad con suave música, velas, delicias gastronómicas típicas de la zona y un fondo marino que se ha convertido en la clave del éxito de esta arrocería, tan especial para nosotros, que cuenta con 4 años de vida y ahora se reinterpreta.
Pero que no sean todo favores. Hablando de playa, relax y buenas vistas, aprovecho para descubriros uno de los últimos trabajos del artista Richard Phillips que tanto me gusta.
"La suerte consiste básicamente en sentirse afortunado."
Tennessee Williams
‘Signs’, un cortometraje de Patrick Hughes
Una historia sencilla y tierna, sobre el importante papel que juega el azar en nuestras vidas y cuantas formas extrañas tiene el amor de aparecer. Una cinta ideal para románticos.
"Soy hermosa, ¡oh, mortales! cual un sueño de piedra, y mi pecho, en el que cada uno se ha magullado a su vez, está hecho para inspirar al poeta un amor eterno y mudo así como la materia.
Tengo mi trono en el azar cual una esfinge incomprendida; uno un corazón de nieve a la blancura de los cisnes; aborrezco el movimiento que desplaza las líneas, y jamás lloro y jamás río.
Los poetas, ante mis ampulosas actitudes, que parezco copiar de los más altivos monumentos, consumirán sus días en austeros estudios;
Porque tengo, para fascinar a esos dóciles amantes, Puros espejos que toman las cosas más bellas: ¡Mis ojos, mis grandes ojos, los de los fulgores eternos!
Baudelaire (La belleza)
Antonia Ferrer
Antonia Ferrer
Pigmalión, rey de Chipre, no encuentra mujer lo suficientemente perfecta para despertar su amor. Desesperado, decide abandonar su búsqueda y, a través de la escultura, crear a la mujer de sus sueños, la belleza perfecta. Y creó a Galatea, y tanto le complació su obra que se enamoró. Así lo cuenta Ovidio en Las metamorfosis; "Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos." La diosa Afrodita se conmovió ante la pasión que la estatua había despertado en el escultor, y concedió la vida a Galatea." Fragmento extraido de El incordio del amor de Sol Pau
Conozco una preciosa gatita, gran amante de la aventura. Hoy parece tranquila y dispuesta a escuchar esta fábula. Como es muy inteligente, seguro que utiliza su intuición y naturaleza felina y extrae algún aprendizaje interesante.
Charles Van Den Eycken 1859-1923
Una gata se enamora perdidamente de un apuesto joven, y ruega a la diosa Venus que la convierta en mujer. La benigna Venus accede a su ruego y la transforma en una bella muchacha. El joven cae prendado a primera vista y poco después se casa con ella. Un buen día, a Venus se le ocurre comprobar si la gata también había cambiado sus hábito, además de su figura, y suelta un ratón en el cuarto donde está la pareja. Al ver el ratón, y olvidándolo todo, la muchacha se lanza raudamente a la caza del roedor. Disgustada, la diosa volvió a transformarla en gata.
Venus y la gata
Esopo (550 A.C)
"En estos días, he sentido mi vida como un río que va corriendo. El año del gato"
Un milagro es escuchar a mi madre contar a sus nietos: "...y bailé 30 palomas, 20 coyotes y 10 camisas negras" y verlos a todos reír tanto con sus ocurrencias, mientras todavía
cocina una paella enorme para toda la familia, que la adora.
A estas alturas de mi vida, en mitad de la incertidumbre que nos rodea, sólo poseo una certeza: Convivo con milagros.
Un milagro corriente:
que se produzcan tantos milagros corrientes.
Un milagro ordinario:
el ladrido de los perros invisibles
en el silencio de la noche.
Un milagro del montón:
una nube menuda y ligera,
capaz de tapar la luna llena y compacta.
Muchos milagros en uno:
un aliso que se refleja en el agua
y que se vea invertido de izquierda a derecha
y que crezca allá con la copa hacia abajo
y que no llegue al fondo
pese a la poca profundidad del agua.
Un milagro cotidiano:
vientos de ligeros a moderados,
borrascas en plena tormenta.
Un milagro cualquiera:
las vacas son vacas.
Otro milagro, quiérase o no:
este huerto y sólo éste,
de esta pepita y sólo de ésta.
Un milagro sin frac ni sombrero de copa:
palomas blancas en desbandada.
Milagro, porque cómo llamarlo si no:
hoy el sol ha salido a las tres catorce
y se pondrá a las veinte cero uno.
Un milagro que no sorprende lo debido:
una mano tiene menos de seis dedos,
pero tiene más de cuatro.
Un milagro, y basta con abrir bien los ojos:
el mundo omnipresente.
Un milagro tan adicional como adicional es todo:
lo impensable
se puede pensar. Wislawa Szymborska, La feria de los milagros
"Y más inexpresables que cualquier otra cosa son las obras de arte: seres llenos de misterio, cuya vida, junto a la nuestra que pasa y muere, perdura."
Johann Heinrich Vogeler 1872 - 1942
París, a 17 de febrero de 1903
Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde. No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo.