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lunes, 29 de junio de 2020

Renacimiento

Narciso era un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago. Estaba tan fascinado consigo mismo que un día cayó dentro y murió ahogado. En ese lugar nació una flor, a la que llamaron "Narciso"...

Cuando Narciso murió, llegaron las Oréades (diosas del bosque) y vieron al lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.

-¿Por qué lloras? Le preguntaron las Oréades. 

-Lloro por Narciso. Respondió el lago.

-¡Ah! ¡No nos asombra que llores por Narciso! -Prosiguieron ellas- Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.

-¿Pero Narciso era bello? Preguntó el lago.

-¡Quién si no tú podría saberlo! -Respondieron sorprendidas las Oréades- En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.

El lago permaneció en silencio unos instantes. Y finalmente dijo: 

-Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que fuera bello. Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mis márgenes yo podía ver, en el fondo de sus ojos, mi propia belleza reflejada.

Oscar Wilde


"Un ojo ve, el otro siente."

Paul Klee


Algunas veces la vida te detiene. Hace justo un año que fui yo la elegida. 

Desde siempre, y más en estos días trágicos en que todavía vivimos experiencias de este tipo, y mucho más graves que se han cruzado en la mayoría de las personas. Con sinceridad, nunca esperé pasar por algo semejante, pero sólo con el tiempo, cuando se ha apagado el ruido y todo ha vuelto a la normalidad me encuentro preparada para reflexionar, entender y compartir.


Max ya tenía dueña mucho antes de nacer, Jorge se había comprometido con una compañera de trabajo y ella (amante de los animales) lo esperaba con los brazos abiertos. Como sucede en algunas culturas ancestrales con los matrimonios concertados.

Nosotros incumplimos esa promesa. Una conexión demasiado valiosa había surgido de la nada y sin esperarla, se presentó como ocurre con las mejores cosas de la vida. Era un mensaje tan evidente que era imposible no escucharlo.


Mis manos ayudaron a venir a este mundo a un pequeño cuerpecito que al contrario que sus hermanitos, quedó atrapado al nacer. Seguramente por la pasión excesiva con la que llegaba a esta vida.

Soplé en su diminuta boca para inflar sus pulmones de aire, y como ocurre en algún cuento,  sus ojos se abrieron atravesando los míos y creando un vínculo mágico e indestructible. Sus pequeñas patas se apoyaron en mí con la familiaridad de haberlo hecho toda la eternidad. Su naturaleza le hacía único entre millones. Salvaje e imposible de domesticar. Un corazón con capacidad para amar hasta el infinito, sufrir los dramas más intensos con nuestras ausencias y las demostraciones de amor más efusivas y felices con nuestros regresos. Tanta sinceridad y pureza lo convirtió por méritos propios en un miembro destacado e imprescindible de nuestro hogar y en nuestra vida para siempre. Había aprendido el lenguaje universal de la sonrisa y verlo sonreír superaba cualquier experiencia extraordinaria.






Ese ser único que nos regaló historias inolvidables, se puso malito una noche terrible de mayo y aunque lo llevamos con urgencia a la clínica de guardia, no pudieron hacer nada por él. Se despidió con un beso y se fue llevándose su alegría y sus largas uñas imposibles de cortar. Aunque yo no lo podía creer, desapareció como el paisaje en la noche, dejando el hogar en silencio después de muchos años.

Fue una perdida tan inesperada y dolorosa que nos sumió en una tristeza muy difícil de describir. El cielo me pesaba y un llanto torrencial, imposible de contener llegó para quedarse. Así pasé los días siguientes. Sumida en un mar de lágrimas. 


Morí por dentro aquella noche. Estaba tan lejos de mi cuerpo y lloré con tanto desconsuelo, que en la mañana del lunes cuando por la mañana sequé mi rostro después de lavarme, percibí que mi ojo izquierdo no tenía visión.  La bruma había cubierto la mitad de mi Amazonia particular, transformando por completo mi paisaje.





Mi espíritu en aquel momento tan vencido solo fui capaz de avisar a Jorge, ni me puse alerta. Si lo hizo el oftalmólogo después de una minuciosa revisión, el diagnóstico era claro, un desprendimiento de retina.

Nunca con anterioridad, había padecido problemas graves de salud, pero esta vez, por la urgencia con la que todo se dispuso para la operación indicaba que un me enfrentaba a un verdadero obstáculo. Estaba en juego el futuro de mi visión.

Siempre he pensado que muchas de las enfermedades están directamente relacionadas con las emociones. Yo que siempre tuve miedo de las agujas, la sangre, y en un sitio tan sensible como el ojo. Pero ese día no sentía temor porque habitaba en otro lugar. Vivía dentro de una irrealidad.
 Cuando me anestesiaron me aferré  a sus pequeñas patas que no se separaron de mí hasta que no terminó todo, y comenzó el largo camino de la recuperación.

Para quién no lo conozca, entre los que yo me incluía hasta ese momento, el postoperatorio de una vitrectomía no es nada corriente. La cabeza está condenada a permanecer en una incómoda posición hacia abajo durante el período aproximado de un mes. Y así comencé un largo mes de oscuridad, recuperación y duelo. Por fortuna el ojo derecho se conservaba en perfecto estado y me mantenía en contacto aunque de forma extraña con el mundo.


Yo estaba profundamente enamorada, y lo continúo estando, de esos ojos que me hablaban siempre de amor y de esa alegría mágica que reinaba siempre en nuestro hogar. Pero el viento cambió de golpe una noche y esa mirada desapareció. Y yo temía que ya nada sería igual.
Le di muchas vueltas a mis pensamientos. Viví sensaciones muy ajenas a mí. Confusión, silencio, miedo. Mi futuro se transformó en algo incierto y frágil.

 Nadie me garantizaba cuánta visión recuperaría después de aquel mes. 
Sentía como si alguien hubiese arrojado una bomba en mitad de nuestra hermosa vida y necesitaríamos  mucho tiempo para reconstruir lo que teníamos.
Con los días comencé a darme cuenta de que ese periodo de reposo era absolutamente necesario para  sanar mis heridas, las físicas y la del alma. Empecé por prestar mucha más atención a lo que me rodeaba . A apreciar el verdadero valor de lo que me sostiene. La historia de amor tan extraordinaria donde siempre he vivido. Jorge y mis hijas, que sufrieron tanto por Max y por mí, y me apoyaron con todos los cuidados. Mi familia que lo padeció con su preocupación e impotencia, y la dulzura y tranquilidad de Nerón que no se  separó de mi lado desde ese largo verano, en todos y cada uno de ellos encontré siempre  un "Estoy aquí". Gracias a todos y cada uno de ellos se fue tejiendo día a día de nuevo la  capacidad de resiliencia que siempre me ha salvado en mitad de la adversidad.

En pocos días adentrándome en la oscuridad me vi más que nunca a mí misma . Encontré que hasta ahí, en esa noche tan larga, residía una belleza inexplicable. Con los ojos cerrados me aventuré en las profundidades del espacio, viajé por galaxias, estrellas y nebulosas de colores fascinantes, donde nunca antes había estado. Mi imaginación reunió y disfrutó de recuerdos visuales que sirvieron de medicina.

Después de muchos sueños llenos de mensajes y un tiempo necesario, dije adiós por primera vez a la tristeza. Entendí que la existencia no es eterna pero sí el amor.
Max se fue de este mundo muy amado y regaló amor para toda la eternidad. Hay que vencer la melancolía y convertirla en fortaleza. No se puede conquistar aquello a lo que no eres capaz de enfrentarte.

Mi ojo fue recuperando la visión, ahora lo quiero mucho más, es otro campeón y como dice mi maravilloso oftalmólogo,"milagrosamente". Ahora con mi vista recuperada va de la mano también mi espíritu.

Mis sueños a los que hago tanto caso me indican que todo va a estar bien. En un sueño veo una mariposa. Al despertarme busco el significado. La muerte necesita respuestas y yo en aquel momento no las encontraba.

Ahora me contesta:
"Por varios siglos, para las religiones antiguas la mariposa es la metáfora perfecta que personifica la resurrección y la vida eterna. Su increíble habilidad de transformarse se asocia con la vida mas allá de la muerte, ya que ellas resurgen después de haber estado encerradas en sus crisálidas por un largo tiempo. Su apariencia vivaz y perfecta es un emblema al nacimiento de la valentía y una conexión con el punto álgido de la existencia".

Mensaje recibido.


En mi corazón viven hoy algunos de mis amores, ahora ya puedo hablar de ellos porque ha regresado la paz. Alguna noche tengo la fortuna de recibir alguna visita. El amor es capaz de atravesar océanos de tiempo y espacio, y manifestarse de muchas formas y maneras. Sólo hay que estar atenta a las señales y sintonizar.

Una pista
Mi mirada sigue esta tarde  la evolución de las nubes en el cielo y el vuelo de una bandada de pájaros que regresan a sus árboles en la espectacular puesta de sol de este nuevo verano, y yo sólo siento un enorme agradecimiento. La oscuridad me ha hecho apreciar mucho más la vista. Ahora mis ojos admiran y abrazan la vida como nunca.

miércoles, 17 de junio de 2020

Metamorfosis



Una preciosa mariposa se ha detenido en mi terraza. 
El entusiasmo de su vuelo, sus dibujos y los colores brillantes que luce indican que hace poco ha abandonado su crisálida y está lista para la etapa final de su ciclo.

He pasado en un instante del sobresalto a la incredulidad y  fascinación. Mi respuesta no es sólo física pero si inmediata, la piel erizada, la respiración detenida y una inmensa sonrisa. 

 Algo sagrado lo cubre todo de silencio, pero no de un silencio vacio, contiene aleteo, sorpresa, danza, libertad, alegría, elegancia,  perfección, fragilidad, ternura, belleza casi insoportable, y... un misterio fascinante. 

Ha elegido para su desayuno el geranio preferido de Jorge, ahora sabemos que no sólo es bonito, su néctar debe ser delicioso.
No tiene prisa ni miedo y yo aprovecho este privilegio para acercarme, estudiar y capturar este milagro. 

Cada día llega una señal. Nerón a mi lado sin ladrar. Solo se comporta así cuando el visitante es muy familiar.
Creo que alguien ha querido saludarme dentro de su nueva piel. 












jueves, 3 de septiembre de 2015

Aniversario, Roma y Marco Aurelio


Este último tiempo apartada de Moncollage mi mente bohemia me ha llevado a rastrear entre la espesura de la inspiración, allí donde explorar nuevos modos de ver.
 Los que habéis superado el medio siglo entenderéis con claridad la gravedad de ese momento (casi dramático) donde la vista de lince comienza un cambio de especie animal. 

Primero llega un combate cuerpo a cuerpo con el libro. Lo alejas, enfocas hasta que logra derribarte en la lona, en el segundo round mantienes la distancia, tanto que te acorrala en las cuerdas. 

 El siguiente un derechazo de realidad te vence por KO . 
Las letras y los números comienzan a perder su forma y en cierta forma vuelves a la más tierna infancia, esos candorosos años infantiles que preceden al aprendizaje de las letras, donde todo lo escrito se convierte en una interminable enigma.

 Ese candor infantil que se esfumó hace tiempo para dar paso al "conocimiento". Ahora sólo queda recurrir a la pataleta y el llanto.

 Si antes eras capaz de leer durante horas, no importaba la intensidad de la luz, la distancia o el tamaño de la letra,  ahora cualquier factor externo se convierte en un serio rival y adquiere una importancia vital.


Después de negar la evidencia un día cedes, agitas la bandera blanca y por primera vez recurres a las gafas de tu marido, que siempre estaban en su sitio y a partir de ese momento dejaran de estar, y se produce el milagro, puedes leer! Y pasas a reconocer una nueva dependencia, otra más.
 Para siempre, en muchos momentos del día, las gafas, que por cierto odio y naturalmente nunca encuentro cuando estoy en casa serán ya irremediablemente parte de ti. 


 Todo vuelve a su sitio menos la vanidad, que se queda en un rincón del espíritu afligida y deshinchada.

 El tiempo no cesa. Por suerte también revela un gran secreto, que de todo lo malo que acontece siempre llega con un mensaje positivo, garantizado.
Qué difícil puede ser comprender
 la naturaleza universal.

 Así, y por este curioso camino he tropezado con los audiolibros y podcast, no siempre  pueden sustituir a la lectura, pero tienen sus momentitos de luz, algunos verdaderamente especiales que os recomiendo. Mientras tomas un baño o descansas con los ojos cerrados, porque al igual que escuchando música te permiten libertad de acción.

 Confieso que se ha convertido en una de mis aficiones actuales. Me he acostumbrado tanto a ellos que soy incapaz de pasar un día sin escuchar alguno. 

Me ha llevado algún tiempo encontrar y seleccionar lo que verdaderamente me gusta y desde hace unos meses vivo literalmente seducida por los relatos de Videodrome. Una auténtica joya. Las voces de Gregorio Parra y Sandra Urdín  acompañan ahora mis días y enriquecen mis horas de silencio con su arte. Imposible calificar lo que estos narradores son capaces de crear con un texto. Consiguen la más dificil. Un sortilegio que sólo aparece cuando la lectura de un libro comienza a cobrar vida en la imaginación. 


He disfrutado con cada una de las historias,  pero entre todas mis favoritas Vindobona.


Será quizá por eso que llevo meses escuchando la voz del emperador Marco Aurelio (Gregorio Parra) y de Lucila(Sandra Urdín) sin agotar un ápice mi entusiasmo.
 El extenso legado cultural de este Príncipe de la filosofía nos da la oportunidad de comprobar como la vida no cambia tanto como creemos, y se puede y debe beneficiar de la interesante experiencia del pasado.
Una vida y una historia, en fin, apasionante. 

Y como sigo advirtiendo que las casualidades y el azar salen a tu encuentro. Me basta sumergirme en un mundo desconocido para llegar a entender con mayor transparencia el propio.

 De cualquier forma, nunca he dado importancia a esas cosas…”

  He dejado que ese instinto continúe guiando mis pasos y como "todos los caminos conducen a Roma" era inevitable llegar hasta allí. Con un buen motivo. Celebrar que nuestro amor cumple sus treinta años de matrimonio. 
Esa ciudad que al igual que nuestro amor la pátina del paso del tiempo ha ido policromando de una belleza especial.
 Ni la caída por las escaleras del hotel, ni las risas y caras de los que me acompañaban, ni la temida frase "lo sabía", ni siquiera el hematoma que coloreó de un violeta purpúreo mi trasero, pudo borrar la dicha de mi rostro, ni restarle una brizna de emoción a este momento. 


Y como el azar no descansa, entre tanto esplendor y en mitad de una inmensa multitud nos dirigimos hacia  la capilla Sixtina. Allí justo frente a mi, entre muchos encontré el busto de Marco Aurelio, sentí detenerse el tiempo. Gobernaba desde su atalaya.

 Le observé  con la atención de aquel que necesita descubrir en el fondo de un rostro el misterio que desvela. Siempre he sentido que los rostros traslucen muchos secretos de la personalidad, quizá porque manifiestan parte de lo oculto. En esta ocasión la lectura carecía del elemento esencial que define realmente al individuo. La mirada.
 No lo necesitaba, su aspecto más interesante quedo grabado en sus textos y allí lo sentí. Pero pude apreciar un detalle distinto, ahora parecía liberado del peso del poder, que en muchos momentos le abrumó en exceso.
"El poder. No recuerdo cuando tiempo transcurrió desde el óbito hasta mi comparecencia en el senado..., no recuerdo cuanto tiempo fui emperador de mi mismo."  
Sin pretenderlo, ha conquistado un imperio más amplio, el de la eternidad. 

A él  debo gran parte de los mejores momentos en estos últimos meses y los sabios consejos desde el pasado. Por eso mi silencio en este extraño encuentro sólo podía expresar gratitud.
La misma que he sentido frente a tantas obras de arte que ennoblecen esta fascinante metrópoli. 

Así, buscando siempre la iluminación en este viaje me acompañaron muchos de estos pensamientos, Quiero compartir algunos fragmentos y dejar constancia de todo lo vivido y aprendido, justo en este momento tan especial en nuestras vidas.

Sintiendo todavía que todo es posible, y mirando hacia atrás con la certeza que el amor no sólo crece, sino que nunca acaba.
Todo radica en el guía interior, lo demás depende de la libre elección, es cadáver y humo.




Pues bien, te recuerdo lo que escribían los clásicos: cuantas veces concibas un pensamiento un tanto oscuro, le des vueltas en tu interior, lo transformes, lo sometas a prueba y lo adornes con bellas palabras... Tu Frontón.

Amigo Frontón, ayudaste a que comprendiera lo que es amar a ese pajarillo que vuela hacia el sol y ha desaparecido cuando lo busco con mis ojos. Y también a transmitirlo de forma universalmente comprensible, pues lo que resulta nuevo e inesperado corre el peligro de que si no se adorna y se envuelve con buenas palabras, parezca absurdo... Tu eterno discípulo, Marco.
Marcus Aurelio Antoninus Augusto (26 de abril de 121- 17 de marzo de 180)
Meditaciones desde Vindobona






Mi ser interior, cuando está acorde con la naturaleza, tiene una enorme facilidad de adaptarse a los acontecimientos, se lanza instintivamente ante lo que se le presenta, y es capaz de vencer cualquier obstáculo. Es como el fuego cuando se apropia de los objetos que caen sobre él y se levanta a mayor altura con su combustión. ¿Será verdad que todas las cosas son fuego? 





























...Hay bandidos que por libre designio abandonan su profesión; emperadores, ninguno. Es necesario desconfiar de aquellos que nunca se plantean el abandono del cargo, porque el poder embriaga más que un barril de vino, y la borrachera de poder es la tiranía... 






































¿Se extinguirán la verdad, la justicia y la prudencia que en ti residen?



















































"El fin del viaje es el comienzo de otro...Ha de serlo.Siempre."

Texto y fotografías EVA
(La deficiente calidad de las fotos constata claramente que las gafas no me acompañaron en muchos momentos)
Textos  destacados  extraidos de Memorias de Vindobona (Videodrome)

lunes, 31 de agosto de 2015

El cuento no acaba

 Cada historia que se acerca a nosotros a través de un cuento,
una novela, una película, una canción, una imagen, no lo hace de forma casual.
  Así es como la vida juega cada día con nosotros.
 Poniendo a nuestro alcance guijarros en el camino.
 Algunas veces son grandes rocas, que por su evidencia  y enorme tamaño nos golpean con fuerza antes de que les prestemos atención. 
Otras tan finas y dispersas que imprimimos nuestra huella y con el tiempo nos habituamos y llegamos a confundirlas con arenilla del camino.
 Unas pocas aparecen cuando menos las esperas,
 son las más escasas y quizá por su poca prodigalidad sorprenden y sobrecogen como el brillo de piedras preciosas .
 Puede que sea la mejor forma de hacernos reaccionar,
 invitándonos a no detener nuestros pasos y participar de formas distintas en nuestro propio viaje.
 Es necesario seguir el rastro de cada una y reflexionar con cada encuentro, y persistir en el juego.
 Yo por mi parte sigo dispuesta seguir soñando cada día en algo más allá de lo evidente.
 Hay tantos detalles que se revelan a nuestro alcance.  
  

Homer Winslow 1836 -1910


Ábrete Sésamo

Sonreía Sherezade
y sus dientes,
como filas de perlas
como blanco granizo
como flores centelleaban al sol.
Por la grandeza de Alá
y en su boca
las más bellas fábulas
cobraban vida 
para el Rey.
Comenzó así,
la bella a relatar de
Alí Babá y los cuarenta ladrones
Ábrete Sésamo,
Alí Babá había seguido a escondidas
como una sombra,
a una banda de ladrones.
Caminaban por el bosque en fila india,
llegaron a la entrada de una gran caverna
escondida entre los arbustos
cuando su jefe, imperioso, ordenó:
"Sésamo, ábrete".
La roca giró sobre su eje
y como una puerta, se abrió.
Monedas de oro, piedras preciosas,
 sables centelleantes
 y alfombras de Bujara.
Orzas de vino preciado
vasos llenos de luces lunares
que iluminaban todo para placer de los ojos.
Cuando los ladrones huyeron al galope
y ya estaban muy lejos
Alí Babá se armó de valor.
Palpitaba su corazón como mil caballos,
asustado y temblando repitió la fórmula mágica:
"Sésamo, ábrete"
La roca giró sobre su eje,
u como una puerta se abrió.
En tal punto, ya de día Sherezade se detuvo
y el cuento se acabó.

Franco Battiato



miércoles, 26 de agosto de 2015

La vida escondida

Jamie Wyeth  (6 de julio de 1946) - Wanderer



Me acerco de nuevo hasta esta orilla después de una extensa etapa silente.
 Vuelvo como si llegara por primera vez, con la mirada de un viajero errante que recala en una costa tribal.
 Hechizada por los cantos de sirenas que nunca cesan, y un irresistible aroma a pensamientos del que no puedo ni quiero escapar. Quizá siga buscando repuestas. El extraño placer que se esconde en el desafío y el misterio.



 En esta costa

 lo intento a otro ritmo, junto 
al silencio necesario y
 las almas que siempre me acompañan y susurran en mi oído sus secretos.

 Descifrando el mensaje que llega en el sonido del viento,

 en cada sueño, en cada milagro al que asisto, y entre las cosas sencillas.  
Aprendiendo en cada mirada que encuentro que la felicidad y el amor no son completos si no se pueden compartir.




  The wanderer with uncertainty as only homeland.  El caminante  tiene como única patria la incertidumbre.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El tiempo


- ¡Ah!, pues ahí está el problema —dijo el Sombrerero—, el tiempo no soporta que lo marquen ni que lo clasifiquen, pero si estuvieras en buenas relaciones con él, podrías hacer lo que quisieras con el reloj; por ejemplo, imagínate que marca las ocho de la mañana y es la hora de comenzar tus lecciones en la escuela, pues bastaría con girar las manecillas un poco y ya sería la una y media ¡hora de comer!
- “¡Ojalá eso fuera verdad!”, dijo la Liebre de Marzo para sus adentros.
- ¿Es así como usted maneja el tiempo? -preguntó Alicia.
- En realidad no —respondió el Sombrerero con un dejo de tristeza— aquello ocurrió en el gran concierto que ofreció la Reina de Corazones; en aquella ocasión a mí me tocaba cantar [...] Recuerdo aquella memorable ocasión —siguió diciendo el Sombrerero—: apenas había entonado la primera estrofa cuando la reina se puso a gritar: “¡Está matando el tiempo! ¡Que le corten la cabeza!”

Alicia en el país de las maravillas / Lewis Carroll / 1865


Arthur Rackhman -Mad hatter's tes party



Si me detengo a pensar, nunca ha sido mi verdadero amigo, 

ni le he dado demasiada importancia,
 hay muchos momentos donde en realidad me olvido de su existencia,, 
y sin que se ofenda más de lo debido,
 son los más hermosos,
 aquellos donde mi corazón late a impulsos musicales.
 Mientras escribo, pinto, recorto, pego o simplemente sueño.
 Allí no existe.
  Quizá por eso ahora pretende vengarse de mi,
y me va devolviendo lentamente las horas,
los minutos, los segundos que no le atendí.
 No me gusta nada esta nueva situación. 
Rendir pleitesía a esta espera.
 Convivir con un espacio de tiempo que parece descongelarse con lentitud.
 Intento avanzar y no me deja, solo puedo atravesarlo a su manera. 
Andando contra un intenso viento helado. 
Me siento agotada por el esfuerzo de la lucha.
Las noticias me esperan en aquella cima lejana.
 La incertidumbre ha crecido a su alrededor, desde lejos no me deja ver el contenido.
 Llega perfectamente envuelto en un grueso papel de futuro. 
Mi enorme curiosidad me hace presentir lo que esconde.
 Puedo soñar con el contenido, eso nadie, ni siquiera  él me lo puede arrebatar. 
Pero, será suficiente? 
Quiere su momento de gloria, ser el portavoz y esta vez gana la batalla. 
No queda más remedio que ponerme a caminar de su lado, y dejar que me lleve de la mano. Sentarme en su eterna mesa a fingir que saboreo su té y soportar su mirada de soslayo y esa sonrisa de vencedor.
Eva


Eso sí, pienso hacerlo en buena compañía. 

viernes, 17 de octubre de 2014

Sinfonía de Otoño

The Journey Elizabeth Shippen Green (1871–1954)



Todos hablaban en voz baja, mientras su rostro dormido gritaba de ella con más intensidad que nunca.
Allí tras el cristal se apreciaban con claridad concavidades y ángulos conocidos, familiares. Tan intensamente que en algunos momentos me hicieron estremecer. 
Allí en ese frío lugar donde se yace fuera de toda dimensión corporal y suspendidas en el aire aparecían desnudas las emociones puras, las palabras y muchas escenas de vida. 
Y quedaron lejanas, paisajes, voces de otro tiempo vivido que llegaron y me asaltaron sin pedir permiso.
Mari descansó por fin después de un largo y pedregoso camino y hoy se merece mi recuerdo y mucho más.
Emprendió un viaje, con billete reservado desde hacía tiempo,  en zona de fumador, donde la puede acompañar para siempre su viejo e inseparable pitillo humeante.
Parecía sola, pero yo tuve la certeza ese día que ya no lo estaba. Permanecen a tu lado tantos rostros que me acompañaron, tan queridos y ahora invisibles a los ojos pero siempre presentes.
Los que estuvimos junto a ella en la despedida besamos su rostro por última vez y  la contemplamos con la tristeza y el respeto que impone la muerte.
 Es curioso, ella que siempre prefirió vivir a la sombra, este día llegado del destino la convirtió por unas horas en protagonista.
Y la memoria de infancia regresó y me encontró en las horas de obligada siesta en una habitación con mis hermanos,  siempre a nuestro lado, cariñosa, juguetona, natural, con ese aire indómito que la hacia diferente a los demás. Sus cosquillas en la espalda, (con diferencia), mis preferidas como sus fideos con hierbabuena. 
No tenía que hacer nada especial para que la quisiéramos tanto, sólo existir, nos gustaba así tal y como era,  joven, rebelde, limpia, con su pelo corto de una negrura eterna, alejada de todo tipo de vanidad, sin maquillaje. La adolescente que nunca crece a los ojos de un niño y esa rebeldía la coloca en el peldaño de medalla de oro entre todas las tías de nuestra infancia. 
 Su bondad y ese inmenso amor que no precisa de palabras para expresarse. 
Hoy por fin junto a esta luz dorada de este atardecer me lanzo a extraer de nuevo mis pensamientos.
Intentando aprender a desentrañar ese gran misterio que se esconde detrás de esa luz que tantas veces he visto atrapada entre la espuma de las olas o cuando la veo aparecer detrás del horizonte,  quizás allí resida la explicación a lo inexplicable.
 Quiero apartar esa gruesa manta de tristeza que ha cubierto su imagen en los últimos años de vida.
Quiero darle la despedida que merece. No con amargura, por eso elijo, para que aparezca otra vez ante mis ojos tan pura y auténtica como la conocimos y empiezo a entender que la vida sigue para los que quedamos tan intensa y delicada como siempre.
Decido quedarme y me quedo con los más bellos recuerdos,  hubo tantos. 
Decido no olvidar lo que la he querido, su grandeza escondida y todo lo hermoso que había en ella.
Eva

(Dedicado a la memoria de Mª Carmen Campos Girbes)


miércoles, 10 de septiembre de 2014

El don de gustar


 La superluna de la última noche abre de nuevo la puerta a mi Moncollage.
Las calles y los pensamientos poco a poco se desperezan. 
El frescor de esta nueva mañana de Septiembre anuncia que el final del verano está cerca. 
Me siento agradecida y dispuesta a asumir lo vivido durante esta última tregua y los nuevos retos que alimentan mi espíritu. 
Lo más interesante, apreciar cada día el inmenso valor y la fortuna de estar viva y dejarme llevar por la belleza que se esconde en cada lugar, inspirarme en todo lo que veo, leo, abrazo, amo, y seguir buscando el color y el calor que tantas veces se camufla entre la oscuridad y el frío.

Dee Nickerson


Las hadas tenían solemne asamblea, para proceder al reparto de los dones entre todos los recién nacidos, llegados a la vida en las últimas veinticuatro horas.
Todas esas antiguas y caprichosas Hermanas del Destino, todas esas Madres insólitas de la alegría y del dolor, eran muy diversas: unas tenían un aire sombrío y ceñudo; otras, un aire retozón y travieso; unas, jóvenes que habían sido siempre jóvenes; otras, viejas que habían sido siempre viejas.
Todos los padres que tienen fe en las hadas habían venido, llevando cada cual a su recién nacido en brazos.
Los Dones, las Facultades, los Azares favorables, las Circunstancias invencibles, estaban acumulados al lado del tribunal, como los premios en el estrado durante una distribución de premios. Lo que había en este caso de particular era que los Dones no eran recompensa de ningún esfuerzo, sino, muy al contrario, una gracia concedida a aquel que no había vivido todavía, una gracia que podía determinar su destino y convertirse tanto en la fuente de su desgracia como en la de su felicidad.
Las pobres hadas estaban muy atareadas; ya que era enorme la muchedumbre de los solicitantes, y el mundo intermedio, situado entre el hombre y Dios, está sometido, como nosotros a la terrible ley del Tiempo y de su infinita posteridad, los Días, las Horas, los Minutos, los Segundos.
Lo cierto es que iban tan atolondradas como los ministros un día de audiencia, o como empleados del Monte de Piedad cuando una fiesta nacional autoriza los desempeños gratuitos. Creo incluso que, de vez en cuando, miraban la aguja del reloj con tanta impaciencia como jueces humanos que, habiendo permanecido en sesión desde la mañana, no pueden evitar el pensar en la comida, en la familia y en sus queridas zapatillas. Puesto que en la justicia sobrenatural hay un poco de precipitación y de azar, no nos sorprendamos si algunas veces ocurre lo mismo en la justicia humana. En este caso, nosotros mismos seríamos jueces injustos.
Así, quel día se cometieron algunas tonterías que podrían considerarse insólitas si fuera la prudencia, antes que el capricho, el carácter distintivo, eterno, de las hadas.
De este modo, el poder de atraer magnéticamente la fortuna se adjudicó al único heredero de una familia muy rica, el cual, al no estar dotado del menor sentido de la caridad, como tampoco de ninguna concupiscencia de los bienes más visibles de la vida, iba a verse más adelante enormemente embarazado con sus millones.
De este modo, se dieron el amor de lo Bello y la potencia poética al hijo de un sombrío pelanas, cantero de oficio, que no podía, de ningún modo, ayudar las facultades ni cubrir las necesidades de su deplorable progenie.
He olvidado decirles que la distribución, en estos casos solemnes, es inapelable, y que ningún don puede ser rechazado.
Todas las hadas se levantaban ya, creyendo haber cumplido con su trabajo; ya que no quedaba ningún regalo, ninguna largueza que arrojar a toda esa morralla humana; pero un buen hombre, un pobre comerciantillo, tengo entendido, se levantó, asió de su vestido de vapores multicolores al hada que estaba más a su alcance y exclamó:


«¡Oiga, señora! ¡Se olvidan de nosotros! ¡Falta mi pequeño! No quiero haber venido por nada.»



El hada podía verse en un aprieto, ya que no quedaba nada. Sin embargo, se acordó a tiempo de una ley perfectamente conocida, aunque raramente aplicada en el mundo sobrenatural, habitado por esas deidades impalpables, amigas del hombre, y a menudo forzadas a adaptarse a sus pasiones, como son las hadas, los gnomos, las salamandras, las sílfides, los silfos, las nix, los ondinos y las ondinas -me refiero a la ley que otorga a las hadas, en un caso semejante al que nos ocupa, es decir, en caso de agotamiento de lotes, la facultad de dar uno más, suplementario y excepcional, siempre y cuando tenga la imaginación suficiente para crearlo de inmediato.

Así pues, la buena del hada respondió, con un aplomo digno de su rango: «Doy a tu hijo... le doy... ¡el don de gustar!»
«Pero ¿gustar cómo? ¿gustar...? ¿gustar por qué?» preguntó obstinadamente el pequeño tendero, que era, sin duda, uno de esos razonadores tan comunes que son incapaces de elevarse hasta la lógica de lo absurdo.
«¡Porque sí! ¡porque sí!» replicó el hada, irritada, volviéndole la espalda; y se unió al cortejo de sus compañeras, diciéndoles: «¿Qué os parece ese francesito vanidoso, que quiere entenderlo todo, y que, tras obtener para su hijo el mejor lote, se atreve todavía a interrogar y a discutir lo indiscutible?»



-Los dones de las hadas-

Charles Baudelaire
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